Los Paralímpicos de Tokio 1964: unos Juegos pioneros (parte II) 

La ceremonia inaugural del evento deportivo doméstico que no fue oficial.
La ceremonia inaugural del evento deportivo doméstico que no fue oficial.

Tras celebrar la semana pasada el 55º aniversario de los Juegos Paralímpicos de Tokio 1964, les acercamos la segunda parte de este histórico evento.

Un libro amarillento, manchado y antiguo titulado “Informe oficial de las Paralimpiadas de Tokio 1964” cuenta una historia inédita y rara vez escuchada, pero sus páginas guardan un gran significado para el Movimiento Paralímpico en Japón.

Tras la clausura de estos Juegos Paralímpicos aquel 12 de noviembre -después de cinco días de competición, en la que participaron 374 atletas de 21 países diferentes-, el Comité Organizador decidió acoger al día siguiente un ambicioso evento no oficial.

La “Ceremonia de Apertura” no oficial

Solo un día después de que Tokio 1964 finalizara emotivamente con todos los participantes cantando a coro “Auld Lang Syne”, centenares de personas volvieron a llenar el Oda Field, donde tuvo lugar la segunda ceremonia inaugural para celebrar un evento deportivo protagonizado por personas discapacitadas, aunque esta vez no fue oficial.

A pesar de que el cielo no fuera tan brillante como el de la Ceremonia de Apertura de Tokio 1964, cientos de participantes volvieron a marchar con la “Sukiyaki Song”, tocada por la banda de las Fuerzas de Autodefensa de Japón.

Los participantes llegaron de todas las partes de Japón, desde la norteña Hokkaido hasta la sureña Okinawa. Como único país no japonés participante en el evento no oficial acudió la Alemania Occidental.

El evento, conocido domésticamente como “la segunda parte de los Paralímpicos” -un apodo acuñado por el comité organizador- reunió a 480 atletas de las 47 prefecturas de Japón que compitieron en 36 eventos diferentes.

© Asociación de Deportes Adaptados de Japón
© Asociación de Deportes Adaptados de Japón

En estas competiciones se incluyeron pruebas para discipacitados visuales, auditivos y físicos, ya que Tokio 1964 solo abarcó pruebas para afectados por lesiones de médula.

Como Japón no había estado capacitado para clasificar ni un solo atleta a los Juegos Paralímpicos de 1960 en Roma, este evento multidisciplinario tuvo un gran éxito.

El Presidente del Consejo de Administración del Comité Organizador, Yoshisuke Kasai, señaló que la motivación de acoger este evento no oficial fue aprovechar la atención pública sin precedentes que suscitaron los Juegos.

"Las personas en silla de ruedas no son las únicas que tienen una discapacidad. Como somos la sede de un evento deportivo internacional para discapacitados, nos gustaría dar la oportunidad de participar en él a aquellos que no lo pudieron hacer en los Juegos. Esto es por lo que decidimos acoger la segunda parte, para que se pudieran unir”, explicó.

© Asociación de Deportes Adaptados de Japón

Detrás del gran logro

Gracias al gran éxito del evento, los atletas japoneses se dieron cuenta de la diferencia real que había entre ellos y sus homólogos de cualquier otra parte del mundo.

“No puedo ser el único que se pregunte por qué los participantes extranjeros son tan alegres y enérgicos. No tengo ninguna duda de que ellos no serían así sin los sistemas de bienestar que sus naciones les propocionan. No puedo negar que hay espacios enormes entre ellos y nosotros. ¿Estará nuestra sociedad preparada para aceptarnos cuando estemos más integrados?”, reflexionó el nadador y esgrimista Shigeo Aono.

Su compañero en la selección Masami Hasegawa añadió: “Me he dado cuenta por qué los participantes foráneos son tan felices. Tienen una razón para estarlo: ellos son aceptados y apoyados por el público general. Son reconocidos por su sociedad como individuos, por eso ellos también se sienten como personas individuales. Eso es una gran diferencia respecto a nosotros. Y yo me pregunto cuándo las personas japonesas que tenemos una discapacidad nos sentiremos así y viviremos como ellos. Solo espero que ese día llegue lo más pronto posible”.

Progreso Paralímpico

Tokio 2020 celebrará en agosto la apertura de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Durante las celebraciones previas, todos los ojos estuvieron puestos en un hombre rubio, Markus Rehm, atleta paralímpico, mientras estaba frente al foso de salto de longitud del Oda Field, situados en el mismo lugar que en los Juegos Paralímpicos de Tokio 1964.

Tokyo 2020 / Ryo ICHIKAWA

Ante cientos de espectadores en el evento de cuenta atrás “One Year to Go”, Rehm quiso demostrar que los atletas paralímpicos eran iguales que sus homólogos olímpicos y realizar un salto. “Es genial ver cómo el interés en los deportistas paralímpicos está creciendo. Es un placer ser una de las caras visibles de los Juegos, y estoy esforzándome para demostrar que soy la persona correcta para serlo”, dijo.

“Me he esforzado mucho para saltar lejos y mostrar al mundo que los deportistas paralímpicos están al mismo nivel que los olímpicos. Somos atletas profesionales y, si el público quiere ver grandes competiciones y actuaciones maravillosas, sin duda tienen que ver los Juegos Paralímpicos. Va a ser maravilloso”, continuó.

Cuando le llegó el momento de saltar, el alemán, de 31 años, rompió su propio récord del mundo, ya que llegó a la marca de 8.50 m. Sin embargo, no llegó a los libros de historia porque la consiguió fuera de la competición oficial.

El caso de Rehm es excepcional, pero no se pueden negar los progresos drásticos y revolucionarios que se están dando en el Movimiento Paralímpico, y que han contribuido también al crecimiento y al reconocimiento de los deportistas adaptados.