El Para deporte inspira el ritual de transición de vanuatense Mathias Nakat

Mathias Nakat durante una sesión de entrenamiento.
Mathias Nakat durante una sesión de entrenamiento.

Nacido con parálisis cerebral, el deportista tuvo que dejar la escuela después de sufrir acoso

Cuando Mathias Nakat fue seleccionado para representar a Vanuatu en los Juegos de Arafura el año pasado, el momento significó más que el comienzo de su carrera deportiva.

Ese acontecimiento significó el comienzo de su transformación de niño a hombre y un ritual cultural de transición para los hombres de Ni-Vanuatu.

Nacido con parálisis cerebral, Nakat dejó la escuela en cuarto grado. El hostigamiento constante, las bromas desagradables y los reiterados insultos lo avergonzaban tanto de su discapacidad que se negaba a ver a alguien fuera de su familia.

En 2017, y con mucha resistencia, el joven Nakat de 17 años fue llevado al Día de Identificación de Talentos del Comité Paralímpico de Vanuatu (VPC) en su isla natal, Tanna, por Timothy Loughmann, entrenador del VPC y amigo de la familia.

Solo unos minutos después de la sesión, un giro del destino hizo que su vida tomara un rumbo diferente.

“En el momento en que corrió, supe que teníamos un potencial atleta”, dice Chris Nunn, coordinador de proyectos del Comité Paralímpico de Oceanía.

Nunn, ex entrenador del equipo australiano de Para atletismo y con un amplio historial de éxitos en los Juegos Paralímpicos, vio algo en Nakat que nadie había visto antes.

“Sus tiempos eran impresionantes. Con el éxito que tuvo en las pruebas, le pedimos que se convirtiera en miembro de nuestro equipo de élite en Tanna”.

Al poco tiempo de entrenar hasta cinco días a la semana con Loughmann, los tiempos de Nakat mejoraron notablemente, al igual que su confianza.

Para Nakas, incluso llegar al entrenamiento podía ser un desafío, pero el atleta es la prueba viviente de que donde hay voluntad, hay una oportunidad.

“Las tarifas de los autobuses son un gran problema para Mathias. Muchas veces tuvo que caminar largas distancias para entrenar, y luego volver a casa. Pero llueva o haga sol, nunca se pierde una sesión”, dice Nunn.

Llegando a casa: Cabalgata de Mathias Nakat desde el aeropuerto de Whitegrass hasta el estadio Lamenu después de su éxito en los Juegos Arafura.
Llegando a casa: Cabalgata de Mathias Nakat desde el aeropuerto de Whitegrass hasta el estadio Lamenu después de su éxito en los Juegos Arafura.

No pasó mucho tiempo antes de que su madre viera el impacto positivo en Mathias.

“Podía notar sus cambios. Estaba fuera de la casa, poniéndose en forma. El equipo lo alentó con sus propias historias de nunca rendirse”, explica.

“Él sonreía y hablaba. Dios nos envió estos Para entrenadores”.

Con su talento natural y su dedicación a su nuevo oficio, no fue una sorpresa cuando fue seleccionado para representar a su país en los Juegos Arafura en Darwin, Australia, el año pasado.

La selección para el equipo de Vanuatu en los Juegos Arafura también se convirtió en un símbolo de los siguientes pasos en su crecimiento personal. Nakat nunca había dejado su casa familiar. Nunca se había subido a un avión o había dejado su población natal.

En Tanna, la pequeña isla al sur del archipiélago de Vanuatu de donde es oriundo Nakat, la cultura y las costumbres son el modo de vida. Las mujeres usan mayormente faldas de hierba y los hombres usan vainas.

La selección para el equipo significaba su pleno potencial, pero también presentaba una oportunidad cultural única.

“En nuestra costumbre, cuando un niño deja el hogar familiar, es afeitado en público con su comunidad presente para presenciar este importante paso de transición de niño a hombre”, dice Loughmann.

Más de 40 personas se reunieron para ver cómo el fiscal general de Vanuatu afeitaba a Mathias. Su abuelo, el ex Primer Ministro Joe Natuman, estuvo presente y habló sobre el significado del momento para el joven atleta.

Nakat recibió su uniforme con una tímida sonrisa y el joven que abandonó la escuela en cuarto grado se encontró a sí mismo y con un camino a seguir. En los Juegos de Arafura, Nakat corrió en el relevo T37-38 de Oceanía y ganó la medalla de plata para su país.

Para Nakat, la victoria significó el principio de una próspera carrera. Desde entonces, el deportista ha competido en Australia en competiciones locales, y ahora está entrenando intensamente antes de Tokio 2020.

Georges Langa, del Comité Paralímpico de Vanuatu, dice que historias como la de Nakat no son inusuales en las Islas del Pacífico.

“Es la razón por la que tantos Ni-Vanuatu que viven con una discapacidad no terminan la escuela. Luego, sin educación, les resulta muy difícil conseguir un empleo”.

La historia de Nakat es una que está empoderando a otras personas con discapacidad en Vanuatu y está ayudando a muchos a descubrir sus propios talentos y encontrar un camino a seguir.

Por el Comité Paralímpico Internacional.