Soltar lejos el martillo y las inseguridades

LIMA, PERÚ - 10 DE AGOSTO: Jennifer Dahlgren, de Argentina, compite en la final de lanzamiento de martillo en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 el 10 de agosto de 2019 en Lima, Perú. (Imagen por Ezra Shaw/Getty Images)
LIMA, PERÚ - 10 DE AGOSTO: Jennifer Dahlgren, de Argentina, compite en la final de lanzamiento de martillo en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 el 10 de agosto de 2019 en Lima, Perú. (Imagen por Ezra Shaw/Getty Images)

"El martillo vuela más cuanto más libre soy yo", dice Jenny Dahlgren, que busca su plaza para sus quintos Juegos Olímpicos en Tokio 2020. La argentina encontró en el deporte una inspiración para luchar contra el bullying

La lanzadora de martillo Jenny Dahlgren quiere seguir haciendo historia en su Argentina natal gracias a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde llegaría a la cifra de cinco citas Olímpicas a sus espaldas y consecutivas, desde Atenas 2004.

"Para mí, ser Olímpica en Atenas 2004, con apenas 20 años, era cumplir el sueño de una vida solo con estar ahí", reconoce Dahlgren.

Desde entonces, cuatro Juegos han visto a cuatro Jennys diferentes, y los de Tokio verían a la última Jenny profesional en lanzamiento de martillo.

“Cada Juego Olímpico, al haber cuatro años entre uno y otro, vieron a una mujer muy diferente. Uno crece mucho, evoluciona mucho, tiene diferentes expectativas en cada uno... Para mí haber sido Olímpica es el gran título de honor de mi vida. Ojalá que los de Tokio sean mis últimos Juegos Olímpicos y ya poder retirarme del alto rendimiento peleando por una final Olímpica. Ese sería el broche de oro de mi carrera”, explica.

Sin embargo, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 podrían no ser los últimos para Dahlgren. Sí como la edición de verano... pero tiene en el horizonte la de invierno de Pekín 2022, con la disciplina de bobsleigh.

"El desafío del bobsleigh me encanta y me entusiasma mucho. Además, me permite prolongar un poquito más mi vida como deportista, que amo, y tener un desafío diferente, algo nuevo. Me súper motiva", expresa.

Haber sido Olímpica es el gran título de honor de mi vida

Una Olímpica que odiaba su vida

Esas cuatro Jennys diferentes han visto la evolución de una vida, no solo deportiva, sino personal. La Jenny de 2004 no tiene nada que ver con la de 2016, ni tampoco con la de ahora, de 2020.

El punto de partida anterior a las Jennys Olímpicas era una joven dañada por sí misma y por los demás, que sufría bullying. Que vivía rodeada de inseguridades y que se culpaba por su cuerpo. El atletismo cortó el bucle en el que estaba inmersa. Cuando amarró por primera vez el martillo, de algún modo también amarró las riendas de su vida.

“Encontré mi escudo como deportista. A los 15 años estaba pasando por una situación de bullying. Y yo pensaba: ‘Mi cuerpo será horrible, pero por lo menos me permite destacarme en esto’. Y esta fue la primera curita. Empecé a perdonar a mi cuerpo por ser como era”.

“A los 15 años, cuando en el colegio lo estaba pasando mal, apenas empecé a ir a la pista de atletismo y allí encontré un grupo de lanzadores con los que yo era una más. Ellos siempre hablaban de mi cuerpo como una ventaja deportiva. Así que eso fue como el ying y el yang: en el colegio era todo negativo, pero en el deporte todo positivo. Eso fue lo primero que me dio el deporte. Después encontré mi gran pasión por el lanzamiento de martillo y un estilo de vida que me apasionaba mucho: entrenar, desafiarse, viajar, competir, ganar… Todo eso me gustó mucho desde una temprana edad”, recuerda Dahlgren.

LONDRES, INGLATERRA - 8 DE AGOSTO:  Jennifer Dahlgren, de Argentina, observa las clasificaciones del lanzamiento de martillo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.  (Imagen por Stu Forster/Getty Images)
LONDRES, INGLATERRA - 8 DE AGOSTO: Jennifer Dahlgren, de Argentina, observa las clasificaciones del lanzamiento de martillo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. (Imagen por Stu Forster/Getty Images)
2012 Getty Images

Las dos caras del deporte

Sin embargo, el deporte tiene su cara B. Y aquella chiquita que quería pasar desapercibida en el colegio empezó a tener todos los focos encima en el deporte. Empezó a destacar. A ganar. Y salir a la luz es a veces una moneda de dos caras: la de los halagos y la de las críticas.

“Eso es muy difícil, especialmente acá en Argentina, porque somos muy extremistas en ese sentido: o somos un crack nivel Dios o somos muy criticados. En un cierto momento de mi carrera esto me afectó mucho. Me tomaba muy personal esas críticas, cuando en realidad todos los deportistas somos seres humanos que también tenemos nuestros malos momentos, nuestras dudas, nuestras incertidumbres, como también nuestras grandes victorias. Lidiar con las críticas ha sido un gran tema para mí en mi vida", resume.

Al principio de su carrera estas críticas no llegaron. Dahlgren estaba cimentada en triunfos, tanto a nivel nacional como internacional.

"Cuando tenía 15 años, y es una etapa muy formativa porque es en la que nos construimos como personas, yo sentía que no tenía de dónde construirme porque yo tenía una autoestima muy baja por el tema de mi físico. En esa época, que empecé a hacer lanzamiento de martillo, las pequeñas victorias y las medallas que yo iba ganando en el martillo empezaron a ser mis ladrillos para construir mi autoestima. Me construí sobre los buenos resultados, sin saber en ese momento que eso es una construcción muy precaria porque los buenos resultados no siempre están", cuenta la atleta.

Me había construido a mí misma sobre los buenos resultados.

Cuando no llegaron, tuve un conflicto de decir ¿quién soy si no soy la que logra los buenos resultados?

Estos resultados no tan buenos llegaron.

Y a gran escala, como por ejemplo, los de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde acabó última y sin puntuación, tras tres lanzamientos nulos.

"Los Juegos Olímpicos de Londres me marcaron muchísimo y para mí fueron como un sismo interno y yo no entendía por qué. Obviamente hice el luto por un mal resultado, pero no entendía por qué tanto me afectaba, hasta que me di cuenta de que era porque me había construido a mí misma, a mi autoestima, sobre los buenos resultados. Tuve un conflicto de decir ¿quién soy si no soy la que logra los buenos resultados?".

Pero Jenny no se dejó caer del todo.

Solo tenía que reencontrar en sí misma la salvación, y no poner todo el peso en su deporte.

"Todo esto sirvió como enseñanza, como aprendizaje. De ahí me fui corriendo a un lugar más saludable, a pensar que el lanzamiento de martillo es mi pasión, que es mi carrera que elegí, pero ni los buenos ni los malos momentos me definen como ser humano, como tampoco ser deportista me define como persona. Así fui reconciliando un poco la Jenny deportista con la Jenny mujer porque por muchos años me enfoqué solo en lanzar lejos. Y si yo estaba lanzando lejos, todo lo demás estaba bien. Pero en realidad había dejado como toda una parte mía relegada por mucho tiempo... hasta hace poco”.

Con el lanzamiento, empecé a perdonar a mi cuerpo por ser como era.

Pasaron muchos años más hasta que me di cuenta de que no había nada que perdonar

La mejor Jenny

Así, Jenny volvió a girar un poquito más y a mostrar una versión aún mejor de sí misma.

“Pasaron muchos años más hasta que me di cuenta de que había nada que perdonar, que es lo que soy. He trabajado muchísimo en cuanto a mirarme con mi cuerpo. Ahora he bajado de peso, obviamente primero por un objetivo deportivo: porque ya tengo 36 años y en el alto rendimiento no es una edad menor. Y también para ayudar a mis articulaciones. Es decir, es para sentirme mejor, pero también para desafiarme a mí misma porque siento que hace 20 años, pese a ser deportista Olímpica, estaba viviendo con pesos corporales que no eran los más saludables. Ahora estoy intentando vivir mi mejor vida de forma más saludable, pero también más saludable respecto a la relación que tengo conmigo, de realmente quererme. Ese es el mayor logro de mi vida”.

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Hoy es el Día Internacional Contra el Bullying 🙅🏼‍♀️ • A veces ser diferente es difícil, pero esa diferencia te puede hacer extraordinaria! • Tarde 15 años en empezar a contar el bullying que padecí en el colegio. Para mi compartirlo fue hacer catarsis... fue empezar a soltar y a superar. • Más que medirme la espalda con regla o prenderme fuego un zapato... el mayor daño me lo hicieron con sus palabras porque yo las creía ciertas. Sentía que tenían razón en lo que me decían y entonces en el fondo, sentía que merecía lo que me estaban diciendo. Eso más la vergüenza hizo que no le contara a nadie lo que me estaba pasando. Así funciona el bullying, te hace sentir solo. 🙇🏼‍♀️ • Los chicos tienen que entender que nuestras palabras pesan, impactan y lastiman si no somos cuidadosos con ellas. Y eso lo aprenden con el buen ejemplo. 🙏🏼 • Voy a regalar 5 copias de El Martillo Volador y Otros Cuentos. 📚 Para participar sólo tienen que dejarle abajo en los comentarios 👇🏼 un mensaje lindo a otra persona que quieren o admiran (no a mi 😜) y etiquetar a esa persona para que le llegue un poco de amor hoy! ❤️ Miércoles 6 de Mayo voy a elegir 5 ganadores! Así de simple! • #masamorporfavor #bastadebullying

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Cómo ser un modelo social

Desde que ha dado este giro en su mentalidad, Jenny ha escrito libros infantiles y da charlas para combatir el bullying.

“Me inspira tratar de ayudar a otras personas porque creo que hay muchas chicas que están viviendo esta situación de sentirse marginadas, de estar en un lugar no tan positivo con ellas mismas. Si estás en un lugar negativo, es mucho más fácil seguir tomando malas decisiones en cuanto a tus hábitos alimenticios, tus relaciones personales… Hay que dar un paso adelante y hablar de todas estas cosas porque yo creo que lo fácil es decir que la sociedad es mala. Lo difícil, aunque no te guste la mentalidad de la sociedad, es tratar de sumar tu grano de arena y de provocar un cambio. De ahí los libros y las charlas, para sumar hacia el cambio que a mí me gustaría ver”, explica.

Sin embargo, estos mensajes ya no han llegado a tiempo para aquella Jenny de 15 años que tanto los habría necesitado. “Me gustaría hablar con la Jenny de 15 años y decirle muchas cosas, pero yo no sé si la Jenny de los 15 años lo escucharía. Especialmente le diría que se quisiera, porque todo el tiempo que yo pasé odiando mi vida fue tiempo que desperdicié. Realmente hay que quererse y soltar el tema de las inseguridades, de las expectativas ajenas con tu cuerpo y tratar de vivir tu mejor vida, siendo sincera con vos misma y trabajar desde un lugar de amor propio si quiero mejorar mi vida por mí. Y no por el odio al cuerpo, porque entonces trabajas con energías negativas”.

Todo el tiempo que pasé odiando mi vida es tiempo que desperdicié

Y precisamente su deporte es la gran metáfora de su vida.

Tomar algo que pesa, y que pesa mucho -como las inseguridades o la presión de la sociedad- y tratar de lanzarlo lo más lejos posible.

“Sí. Es gracioso también que, con tantos complejos que tuve siempre con mi cuerpo, eligiera una profesión que cien por cien depende de mi cuerpo. Y por supuesto es lindo pensar en la metáfora de lanzarlo lejos, no solo el martillo, sino soltar también las expectativas, las presiones, los malos hábitos… En cierto momento de mi vida, cuando el martillo entre comillas volaba menos, era porque yo lo había cargado con más cosas: con las expectativas y las críticas de las otras personas. Hoy de más grande sé que el martillo vuela más cuanto más libre soy yo”.