Rubén Limardo: "Ahora entiendo el valor que tiene el oro de Londres 2012"

Ruben Limardo, de Venezuela, celebra su victoria en la semifinal de espada individual masculina contra Seth Kelsey, de Estados Unidos, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. (Imagen por Ian Walton/Getty Images)
Ruben Limardo, de Venezuela, celebra su victoria en la semifinal de espada individual masculina contra Seth Kelsey, de Estados Unidos, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. (Imagen por Ian Walton/Getty Images)

El esgrimista, uno de los dos únicos venezolanos en lograr la gloria Olímpica, busca repetir la hazaña en Tokio 2020 y, si puede ser, acompañado de sus hermanos

Primer día de agosto de 2012. Una fecha que quedará marcada en Venezuela.

El país solo había ganado un oro Olímpico en su historia, y había sido en 1968. 44 años después, su atleta Rubén Limardo escaló a su nación a lo más alto de un podio Olímpico, y aunque podría parecer evidente que había hecho historia, él no era tan consciente de ello.

"Con el pasar del tiempo yo entendí lo que había logrado. En Londres yo era un chaval de apenas 25 años. Con el tiempo yo entendí lo grande que fue para Venezuela. En el momento no. Ahora entiendo el valor que tiene esa medalla y ese triunfo para mi país porque quizás en el momento estaba muy joven, pero ya con 34 ves las cosas diferentes. Es como vivir dos etapas completamente diferentes", recuerda.

Limardo en aquel momento pensaba más en el pasado que en el futuro, ya que esta victoria en el máximo escenario deportivo, se la dedicó a su madre, que había fallecido dos años antes, en 2010. "Esta fue una situación muy dura para mí, pero me dio un impulso para conseguirlo", dice.

La Fundación

Su madre luchó por la esgrima porque es un tema de familia. Tanto ella como el tío de Limardo, Ruperto Gascón, comenzaron un proyecto para dar salida a esgrimistas venezolanos hacia el extranjero, concretamente a Polonia.

"Es difícil desarrollarte deportivamente en Venezuela. No tenemos un sistema como tal que nos lleve al éxito. Nosotros hemos tenido éxito gracias a mi entrenador, que es mi tío. Él mismo creó su propio sistema, y sabía que la única manera de tener un resultado era imitando a estos países donde él aprendió", dice Limardo.

"Mi tío se preparó en países de la antigua Unión Soviética, que son potencia en esgrima, y para nosotros, para estar en la élite y entre los mejores del mundo, tenemos que irnos a Europa. Así que ese proyectó lo inició él con mi mamá. ¿Por qué Polonia? Porque él en aquel momento hizo un análisis y en aquella época, la esgrima en Polonia, en la espada masculina, estaba en el top de los mejores. Y era un país económico, estaba en el centro de Europa… Él lo analizó y vio que era ideal, le gustó muchísimo. De alguna u otra manera las conexiones son más fáciles. A nosotros nos es más fácil estar aquí trabajando que estar en Venezuela y trasladarnos a Europa para las competiciones. Estar en Polonia y en Europa nos da un fogueo para poder nosotros también optar para ser los mejores, como los otros países", explica Rubén Limardo.

Tras ganar la medalla de oro en Londres 2012, el proyecto iniciado por su tío y por su madre es ahora la Fundación Rubén Limardo. "Después de la medalla en Londres, me recomendaron que para tener más éxito sería mejor crear una fundación. Ahora tenemos en Polonia más de 20 atletas venezolanos que pertenecen a ella".

"Este proyecto busca dar más calidad de vida a los atletas, que puedan tener una perspectiva diferente haciendo deporte. En Venezuela muchos niños no tienen los recursos para hacer esgrima y lo ven como un deporte de élite. Nuestra intención es ayudar a que el niño cumpla su sueño, pero más allá de eso, hacerle una gran persona, y que él pueda aprender de otras culturas, de otras personas, para que pueda afrontar su vida sin ningún problema".

Jesús Limardo Gascón y Rubén Limardo Gascón, de Venezuela, compiten en la final del Panamericano de Lima 2019. (Imagen por Buda Mendes/Getty Images)
Jesús Limardo Gascón y Rubén Limardo Gascón, de Venezuela, compiten en la final del Panamericano de Lima 2019. (Imagen por Buda Mendes/Getty Images)
2019 Getty Images

Cosa de familia

Él mismo personificó el éxito de este proyecto en 2012, pero el objetivo del oro Olímpico estaba en su vida desde que tenía 14 años.

"En mi infancia quizás me quedaron muchas etapas por quemar porque desde los 14 años creí en este proyecto, en que podíamos ganar una medalla Olímpica, a pesar de que muchas personas me decían que no. En mi escuela se burlaban de mí porque me decían que la esgrima era un deporte aburrido. El béisbol es el deporte top en Venezuela y me preguntaban por qué no hacía béisbol. Pero a mí me enseñaron a hacer lo que me hacía feliz. Yo practicaba muchos deportes, como el voleibol, pero más me gustaba la esgrima. Para mí era un proyecto que sí se podía hacer realidad. Tuve que apartar hacia un lado las salidas con los compañeros, las fiestas, venía a entrenar a Europa… No es fácil. Pero así es la vida de un atleta. Así lo decidí para poder cumplir un sueño Olímpico, que finalmente se logró en Londres 2012".

En la escuela se burlaban de mí porque decían que la esgrima era un deporte aburrido,

pero a mí me enseñaron a hacer lo que me hacía feliz

Sus hermanos también practican la esgrima en la élite. De hecho, Rubén combatió en la final del Panamericano contra su hermano Jesús, que se llevó la plata finalmente.

Ahora espera competir con ellos en Tokio.

"Ese es mi sueño: ganarme una medalla Olímpica con mis hermanos. No importa el color, lo que importa es que tengamos una medalla Olímpica como familia. En los Juegos Panamericanos de Lima 2019 llegué a la final con mi hermano menor, Jesús. El trabajo se está dando, pero hay que entrenar muy fuerte porque sabemos que hay equipos como Francia, Italia, Corea… ".

De manera individual también tiene su meta. "En la espada masculina, no hay atleta de Venezuela que haya ganado dos Juegos Olímpicos. Yo estoy luchando porque me gustaría estar entre los récords. Eso es lo que me mantiene a mí en la lucha".

El peso del oro

Y eso a pesar de que el oro no siempre muestra lo mejor de quienes están alrededor. Él es una persona totalmente diferente respecto al Rubén Limardo que se hizo con la presea dorada Olímpica.

"El Rubén de antes respecto al de ahora ha aprendido mucho, sobre todo de la fama, de ese mundo irreal, donde la gente te dice cosas bonitas, otras te critican, te prometen, no cumplen… No puedes permitir creerte más que otras personas porque hoy estás arriba y mañana abajo. Siempre tienes que tener mucha humildad para afrontar la situación. Llevar el peso de una medalla en un país donde muy pocos lo han logrado, la fama te consume. Tienes que saber llevar una balanza porque esto cansa mucho".

"Es un aprendizaje, son experiencias que tienes que vivir para hacerte más fuerte. Mucha gente buena te apoya, pero también hay gente mala que te odia y que no quiere que triunfes, y que de alguna manera va a interrumpir tu trabajo. Tienes que tener ese olfato, esa intuición, de quién de verdad está a tu lado apoyándote y quién te quiere hacer daño. La envidia existe en este mundo".

Pero como él mismo dice, ahora entiende el peso del oro. Y quiere volver a sentirlo.

Confinado en Polonia

Para conseguirlo se está preparando de manera constante.

Esto le ha separado de su familia por más tiempo de lo esperado debido a la pandemia de la COVID-19.

"Es difícil para mí todavía porque mi hijo y mi esposa están en Venezuela, donde tenía que haber regresado el 26 de marzo, pero entonces se declaró la pandemia, se cancelaron muchos vuelos, entonces me quedé encerrado aquí (en Polonia) mientras tanto. Tengo un hijo de casi seis meses, que solamente lo pude ver nueve días. Nació en enero, no pude estar en su nacimiento, entonces, imagínate. Es complicado. Pero no solamente soy yo. Muchas personas están en la misma situación. Tener salud es lo más importante. Mientras mi hijo tenga salud, a pesar de que estamos en la distancia, eso todavía me mantiene a pie firme".