¿Qué pasará con el famoso tatuaje?

LIMA, PERÚ - 27 DE JULIO:  (de izda. a dcha.) Augustus Maiyo, de Estados Unidos, Willy Canchanya, de Perú, Derlys Ayala, de Paraguay, Juan Joel Pacheco Orozco, Mariano Mastromarino, de Argentina, y Juan Carlos Trujillo, de Guatemala, compiten en el maratón masculino en el parque Kennedy, el 27 de julio de 2019 en Lima, Perú. (Imagen por Patrick Smith/Getty Images)
LIMA, PERÚ - 27 DE JULIO: (de izda. a dcha.) Augustus Maiyo, de Estados Unidos, Willy Canchanya, de Perú, Derlys Ayala, de Paraguay, Juan Joel Pacheco Orozco, Mariano Mastromarino, de Argentina, y Juan Carlos Trujillo, de Guatemala, compiten en el maratón masculino en el parque Kennedy, el 27 de julio de 2019 en Lima, Perú. (Imagen por Patrick Smith/Getty Images)

El atleta paraguayo Derlys Ayala ha copado titulares tras el aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 por una publicación que hizo en redes sociales, pero su historia va más allá de lo que tiene en la piel: pasó de correr para entregar cartas a tener la plaza para disputar sus segundos Juegos Olímpicos

Derlys Ayala lleva el Olimpismo en la piel.

Literalmente.

El atleta paraguayo compitió en Río de Janeiro 2016, y el pasado septiembre consiguió su plaza para Tokio 2020. En las dos ocasiones, se tatuó el nombre de los Juegos Olímpicos nada más lograr la clasificación.

"Un deportista cuando obtiene su clasificación vive uno de los momentos más felices de su vida. Fueron esos momentos los que yo me tatué. Yo soy más feliz cuando clasifico que cuando voy a los Juegos. Es lo máximo que uno puede sentir y no duermes en tres o cuatro días", explica el maratoniano, que consiguió en septiembre clasificarse para el maratón de Tokio 2020 tras ganar el Campeonato Suramericano, en el que estableció un nuevo récord nacional de Paraguay (2:10:31).

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Sin embargo, cuando se movió la fecha de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 al verano del 2021, Ayala quiso hacer una pequeña broma en sus redes sociales, bajo el texto "Alguien que me ayude a poner 2021".

Entonces no sabía lo que le venía encima. La imagen dio la vuelta al mundo. "Hasta una página web de Corea del Norte me escribió para pedirme la autorización para utilizar la foto", cuenta sorprendido.

"Jamás creí que iba a causar tanto revuelto. Mucha gente me ha preguntado si el tatuaje es de verdad o falso y quieren que les muestre el tatuaje. En todos los países, en todas las páginas, ya sea de burla o no, causó muchísimo revuelo y se tomó de muchas maneras. Yo puse esa publicación a modo de broma, pero después he tenido que salir a decir que la gente no se altere tanto, porque muchos me escribieron para decirme que cómo podía pensar en un tatuaje en plena pandemia. Yo lo hice nada más por broma. Algunos lo agarraron mal", prosigue el paraguayo.

"También me juzgaron diciéndome que no hay que decir buen día antes de amanecer", cuenta Ayala refiriéndose al hecho de que se lo hizo mucho antes de que llegaran los Juegos Olímpicos. "Pero yo tatúo el momento de conseguir ir. Clasificar a unos Juegos es difícil y sucedió. Yo me lo tatué por eso y no me arrepiento".

En aquellos momentos, en septiembre de 2019, nadie podía prever lo que iba a ocurrir meses después. "Cuando me hice el tatuaje nadie se iba a imaginar que iba a haber una pandemia y que se iban a aplazar unos Juegos Olímpicos porque eso no sucede frecuentemente. Parece que solo se podrían suspender con una guerra. Al final la hemos tenido, una especie de guerra, muy letal también porque además no se puede luchar fácilmente contra ella".

Entonces, ¿va a cambiar Derlys Ayala su tatuaje?

"No lo voy a cambiar, pero voy a tatuarme otro cuando sucedan los Juegos. Pero ahora sí que voy a esperar (bromea). Yo creo que igual soy el único deportista en habérmelo tatuado ya porque casi todos se lo tatúan cuando van. Me lo tatué porque clasifiqué temprano. Te juro que me escribieron más de veinte páginas de tatuadores que me querían modificar el tatuaje. Y yo no buscaba eso claro. Lo agradecí mucho, eso sí. Aunque llegaron propuestas, algunas me gustaron y capaz que lo modifique agregándole algunas cositas, pero no le voy a poner un 1 en vez del último 0", asegura.

Además, el nombre oficial de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se mantiene a pesar de que éstos se disputen en 2021. El tatuaje de Derlys Ayala es más que acertado, aunque tenga que esperar a lucirlo en el gran escenario mundial un año más.

Confinado en su Comité Olímpico Nacional

Para combatir esta guerra, Ayala asegura que el deporte ha pasado a un segundo plano. "La salud es lo principal ahora mismo y nuestro mejor aliado ahora es la paciencia. Tenemos que tener fe para que aparezca una vacuna. Es nuestra solución", subraya.

"En Paraguay implementaron desde hace una semana la cuarentena inteligente que la llaman, con la que se puede hacer actividad física individual en un cierto horario. Para no exponer a la persona con la que vivo, que es de riesgo, estoy viviendo en el parque Olímpico del mi Comité Olímpico. Yo tengo una pista aquí dentro y estoy bendecido por ello. No estoy exponiendo a nadie".

Así, dentro de lo que cabe Ayala no se encuentra en una mala posición. Si bien es cierto que este confinamiento podría haberle pillado fuera de su país, ya que desde el 2 de enero, cuando el atleta comenzó "el operativo Tokio 2020", estaba preparándose tanto en Japón como en Colombia.

"Justamente estuve en Japón a inicios del año. Había ido para probar lo que es el cambio de horario. Queríamos saber cuál es la sensación al hacer un cambio tan brusco y se siente mucho. Me sentía débil, no podía dormir... Al menos ya sabemos que tenemos que ir con tiempo para aclimatarnos. De ahí iba a volver a Colombia, pero lo único que pude hacer es regresar a Colombia y el Comité Paraguayo me trajo de vuelta a Paraguay".

El Olimpismo es ser hermanos y ahora mismo tenemos que tener este espíritu y luchar contra este mal todos juntos y unidos

El Olimpismo ante la crisis

Ayala confía plenamente en que el movimiento Olímpico es una inspiración en estos momentos de lucha global contra la COVID-19.

"El Olimpismo es ser hermanos. Aunque algunos compitan entre sí por las medallas, somos todos hermanos. Y ahora mismo tenemos que luchar todos contra este mal juntos y unidos. ¿Cómo hacerlo? Estando en nuestras casas, cumpliendo con las cuarentenas impuestas por los Gobiernos", dice.

Sin embargo, el maratonista reconoce que ahora mismo el deporte ha quedado en un segundo plano: "Ahora deberíamos de estar hablando de los Juegos Olímpicos: quién luchará por las medallas, quién se retirará tras los Juegos... pero no. Estamos hablando de científicos, de lo realmente importante. Hoy en día en las tapas están los doctores, los que están luchando día a día. Ellos son los que van de frente; nosotros los deportistas, y los ciudadanos en general, estamos detrás de ellos. Ellos son los héroes de hoy día".

Las cartas de su infancia

Para llegar a clasificar a dos Juegos Olímpicos el recorrido de Derlys Ayala empezó de manera humilde.

"Yo era el más querido de la familia porque me iba a la despensa y volvía corriendo rápidamente. Y en aquel tiempo, cuando yo tenía unos 9 años, mis tías vivían separadas y se mandaban cartas. ¿Quién era el cartero? Yo. Y por el camino intentaba leer la carta a contraluz. En esos momentos no había celulares. Una vez me regalaron una bicicleta y dije: 'Al fin mejoró mi vida. Ya no voy a tener que ir corriendo'. En la primera salida me sale un perro, le choco, me caigo y me rompo la cabeza. Tengo una cicatriz gigante en la cabeza. Fui al hospital, y cuando volví a casa, vi la bicicleta colgada de un árbol, así que tuve que volver a correr. El ciclismo no iba a ser lo mío", relata sobre sus primeras zancadas.

Hubo un momento en el que todo cambió aún más y que determinaría su carrera.

"Yo tenía un tío que corría con esos shorts cortitos y yo le decía que nunca me iba a poner eso. A mí me encantaba ir a casa de mi abuelo, que estaba a 60 kilómetros. Mi tío me dijo que participara en una carrera y, si ganaba, me daba el dinero para comprar el pasaje para ir a casa de mi abuelo. Si no me hubiera dicho eso, no sé dónde habría estado hoy en día. Pero ese día tenía ese premio así que corrí y gané esa carrera, con doce años. Esa noche dormí con mi short puesto y como mi trofeíto, que lo sigo teniendo. Así empezó el atletismo en mi vida".

He llegado incluso a vender mis premios para poder sobrevivir

"Dos meses después me fui a otra carrera y me ganó una chica y me decepcioné". Así que Ayala dejó el atletismo hasta que, un año después, participó de nuevo en la competencia anual Tres de febrero en su ciudad. "Volví a correr y volví a ganar. Y ahí ya empezó a gustarme. La gente encargada del atletismo en Ciudad del Este me llevó a una competencia nacional, donde perdí y quedé último. Lloré. Me fui a Ciudad del Este y entrené para volver allí al año siguiente, entonces batí el récord nacional sub15", recuerda.

Y a partir de entonces todo fue rodado.

Más o menos.

"Fui a carreras en las que tenía que ganar sí o sí para conseguir el dinero del pasaje de vuelta. Si no ganaba, no volvía a casa. Siempre he sido un optimista. He llegado incluso a vender mis premios para poder sobrevivir", relata.

A los 15 años se fue a la capital y nunca volvió a Ciudad del Este.

El compañerismo en Río 2016

Todos los esfuerzos que hizo para dedicarse al atletismo valieron la pena. Derlys Ayala clasificó para los Juegos Olímpicos de Río 2016. Acabó el maratón en el puesto 136º, pero llegó a meta por la puerta grande.

"No me fue muy bien en Río porque me lesioné antes de ir. Yo estuve con Federico Bruno (maratonista argentino), que se lesionó en la carrera, con calambres. Y yo me quedé a ayudarle. No dudé un solo segundo en hacerlo. Nos quedamos juntos desde el kilómetro 38. Cruzamos la meta juntos. Fue un momento emotivo porque yo sabía que no iba a subir puestos, pero yo siempre digo que el Olimpismo es el compañerismo. Las medallas quedan en una vitrina, pero los amigos son los que van a estar presentes", asegura.

Desde entonces, Ayala ya tenía el objetivo de Tokio 2020 en la cabeza. "Teníamos que cruzar la meta para ser Olímpicos, y en cuando lo hice ya tenía la meta de ir a Tokio y de intentar hacer top diez en Japón. Y ese es mi objetivo ahora, es mi sueño. Pero si cruzo la meta y siento que lo he dado todo, estaré feliz". Si lo cumple o no se sabrá dentro de un año en, como dice su tatuaje, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.