Por qué el destino debe unos Juegos Olímpicos a Joana Bolling

La jugadora argentina Joana Bolling celebra un gol con una compañera de equipo de la selección argentina de balonmano.
La jugadora argentina Joana Bolling celebra un gol con una compañera de equipo de la selección argentina de balonmano.

La jugadora de balonmano de Argentina se perdió Río 2016 tras donar un riñón a su padre. Ahora tiene la esperanza de poder disputar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

La vida deportiva de Joana Bolling, de 25 años, ha estado intrínsecamente ligada a su familia. Ahora es jugadora de balonmano para la selección argentina y para el Elche, de la Primera División femenina española. Sin embargo, sus primeros pasos no los dio en una pista de balonmano, sino en una cancha de baloncesto.

En su infancia, su padre, Elnes Bolling, era jugador profesional de baloncesto, y ella siguió sus pasos.

“Al principio la idea era ser jugadora de basket. Desde los 4 años crecí y me crié en una cancha de basket. En cuanto el basket se fue un poco de mi vida, yo sabía que quería algún deporte que fuera en equipo y se dio en el balonmano”, cuenta Joana Bolling en una entrevista para Tokio 2020.

“A los 15 años conocí el balonmano de cero. Yo no sabía cómo se jugaba. En su momento empecé como un hobby para pasar el tiempo. Bastante rápido me di cuenta de que era lo que quería”, continúa.

Y se le dio más que bien. A los tres años ya estaba jugando para las selección argentina.

Después del transplante, mi papá siempre me dice que soy su ángel de la guarda,

que estamos más unidos que nunca porque él tiene un pedacito de mí y yo a él por completo

Los (no) Juegos Olímpicos de Río 2016

Precisamente tras su primer año entrenando en la selección absoluta argentina, estaban en el horizonte los Juegos Olímpicos de Río 2016. Podía haber sido su primera gran cita con el combinado de su nación, pero realmente ella no se veía con muchas opciones.

“Era mi primer año en la selección absoluta, pero el proceso Olímpico es largo. Generalmente el equipo que logra el boleto es el que se mantiene para ir a los Juegos Olímpicos. Yo no me veía dentro de unos Juegos Olímpicos ni dentro de una lista. En mi cabeza no estaba estar en Río", reconoce.

Sin embargo, el detonante final de no participar en los últimos Juegos Olímpicos no fue su poca experiencia con la selección, ni mucho menos su nivel deportivo. Joana Bolling decidió detener su carrera deportiva por un bien mayor: donar un riñón a su padre.

“No me costó nada tomar la decisión. Lo de mi papá ya venía pasando hacía años y yo sabía que era algo que quería hacer. Todo esto pasó en 2015, sabiendo que al año siguiente eran los Juegos Olímpicos, pero sabía también que era el momento de ayudar a mi papá y estar para él. Esa era mi prioridad. Empecé a averiguar todo lo que necesitaba para ser su donante y en 2016 se dio la oportunidad”, recuerda la extremo izquierdo.

Esta decisión la tomó ella sola, a escondidas de su familia.

“Intenté hacerlo a escondidas porque mi padre no quería saber nada con que yo fuera su donante por el miedo a lo que me pudiera pasar en el futuro, ya que en el momento hay riesgo de rechazo. Yo no tenía esos pensamientos en la cabeza en absoluto. Fui con la decisión sumamente tomada, sin esperar ninguna respuesta de él”, cuenta.

Así, se hizo todos los análisis pertinentes, se informó, y se presentó a su padre como su donante. Nada le iba a hacer cambiar de opinión.

“Después del transplante, mi papá siempre me dice que soy su ángel de la guarda, que estamos más unidos que nunca porque él tiene un pedacito de mí y yo a él por completo”, dice Bolling.

Esta decisión podía haber truncado no solo unos Juegos Olímpicos, sino también su carrera en el balonmano. Pero ella nunca valoró esta opción: “Sinceramente en ese momento no pensaba en el balonmano para nada. Yo creo que es porque en mi cabeza no cabía que las cosas pudieran salir mal. Para mí era recuperarme de una cirugía y volver a entrenar. No me planteé nunca qué podía pasar. Quizás no tenía ese miedo por no haberlo pensado".

El salto a España

No lo pensó y no pasó. Cuando se recuperó, Bolling volvió a jugar a balonmano y su carrera siguió progresando.

En 2018 dio un salto crucial en su carrera al viajar a Europa, donde el balonmano tiene más tradición. Fichó entonces por el Aula Cultural, y esta temporada recaló en las filas del Elche.

"Tomar la decisión de ir a Europa fueron mil sentimientos encontrados. Me acuerdo que fue una decisión que me costó tomar, que sabía que tenía que tomarla y que ya la había postergado años anteriores. Pero era el momento de crecer y de dar ese salto. La ansiedad, los nervios, esa cosa que tenía dentro de 'No sé si me dará el nivel' se pasaron cuando aterricé en España”, rememora la extremo.

Pasó de ser una jugadora destacada en Argentina a ser una más en los equipos españoles. Sin embargo, no se frustró: “Se notó la diferencia en el balonmano. Yo llegué de Argentina siendo de las destacadas, y acá llegué siendo una más, así que había diferencia. Yo venía con la cabeza en eso, sabiendo que las cosas iban a ser así y que me iba a tener que chocar con varios muros para tener resultados. Venía de jugar 60 minutos a acá ser suplente. Siempre tuve la cabeza en aprender aunque fueran momentos de frustración de decir: 'No soy capaz, no me da'. Pero poco a poco fui ganando cosas”, continúa.

En la toma de esta decisión, su familia fue clave una vez más.

“Es un punto a favor tener una familia que viene del deporte. Mi papá también dejó su país a los 23 años por su deporte. El apoyo de ellos lo tuve siempre. Me decían que nunca era un fracaso probar fuera. No es fracaso, es experiencia y aprendizaje. Mi familia siempre va a estar en Argentina”, explica.

El Mundial de Japón 2019

Un año después de su llegada a España, Bolling disputó su primer gran campeonato internacional con Argentina: el Mundial de 2019, que tuvo lugar en Japón.

“Fue increíble, un torneo súper especial. A nivel equipo estuvimos muy bien, muy unidas. A nivel personal quería demostrar que podía estar ahí y ayudar a mi equipo. Si bien no logramos el objetivo de pasar de ronda, conseguimos nuestra mejor clasificación en un Mundial e hicimos partidos interesantes, y de hecho el entrenador húngaro y el de Rusia nos dieron la enhorabuena y nos dijeron que se notaba que habíamos crecido”, dice la argentina.

Ella misma también nota la evolución.

“Soy consciente de que Argentina ha crecido muchísimo, y eso se debe también a que muchas jugadoras vinimos a jugar al exterior. Obviamente soy consciente de que a nivel mundial nos falta muchísimo. Pero vamos mejorando y tenemos que ir haciéndonos conocer, respetar y jugar sin temor”, expresa.

Fuimos a ver lo que es la Villa Olímpica y rezamos ahí para volver

De Japón a Japón: el Preolímpico para Tokio 2020

Su siguiente viaje a Japón después del Mundial podía ser para disputar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

“Es un país de una cultura completamente diferente. Fuimos a ver lo que es la Villa Olímpica y rezamos ahí para volver. Fue increíble. Yo creo que van a ser unos Juegos Olímpicos diferentes por la estructura que tiene el país”, asegura.

En marzo de este año, la Argentina de Bolling tenía que demostrar esa evolución en el Preolímpico para lograr el boleto a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Sin embargo, la pandemia por el coronavirus hizo que se tuviera que posponer el torneo clasificatorio.

“Estábamos muy ilusionadas. Antes de que se suspendiera estábamos muy preparadas. Por supuesto que tuvimos desilusión de que se suspendiera, pero por supuesto estuvo perfectamente suspendido".

Tras el aplazamiento, el Preolímpico tendrá lugar del 19 al 21 de marzo de 2021 en Llíria, España.

"Hoy por hoy es muy difícil enfocar la cabeza en eso porque, si bien tiene una fecha, no se sabe qué va a pasar con todo esto", asegura.

En Llíria, Argentina se verá las caras con España, Suecia y Senegal.

"Estamos todos los equipos en la misma. España es subcampeona del mundo, Suecia es número 7 del mundo, luego está Senegal y nosotras. Si bien son quien son, venimos todos de la misma situación: de estar muchos meses sin jugar, sin entrenar. Quizá hasta esto nos ayude entre comillas a decir: venimos todos con las mismas desventajas”, aporta Bolling.

Esta será la gran oportunidad para que Bolling viva por fin sus primeros Juegos Olímpicos, aunque ni siquiera se lo imagina. “Ni hablar. No puedo ni pensarlo. Se me pone la piel de gallina. Es el sueño de mi vida. Sería el mayor objetivo cumplido por lejos. Estar en una Villa Olímpica para mí sería lo mejor”, remarca.

Pase lo que pase en Llíria, lo que está claro es que, después de no poder acudir a Río 2016, el destino le debe el sueño cumplido de disputar unos Juegos Olímpicos.