Pioneros: OTA Yuki, cree en tu propio potencial

El espadachín Ota Yuki ganó la primera medalla en esgrima para Japón en Pekín 2008.
El espadachín Ota Yuki ganó la primera medalla en esgrima para Japón en Pekín 2008.

En todos los tiempos ha habido pioneros en territorios vírgenes. En esta serie, echamos una mirada atrás hacia los atletas pasados que guiaron a Japón y lograron éxitos sin precedentes para esta nación. En la cuarta parte de la serie, nos centramos en el tirador OTA Yuki, quien ganó la primera medalla Olímpica de Japón en el florete individual masculino en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008

"El oro no es la única medalla", dijo Ota con cara alegre a pesar de la derrota en su primera final Olímpica en el florete individual masculino.

La esgrima, uno de los ocho deportes oficiales en los primeros Juegos Olímpicos en Atenas 1896, había sido el único deporte Olímpico en el que Japón aún no había ganado una medalla. Lo más cerca que el país había llegado a una medalla en el deporte fue un cuarto lugar en la categoría de florete masculino por equipos en los Juegos de Tokio 1964. La esgrima todavía era un deporte poco conocido en Japón, con solo 5,000 esgrimistas en el país cuando Ota ganó su medalla de plata.

Ota comenzó a practicar esgrima cuando estaba en su tercer año en la escuela primaria. Era un atleta diligente, nunca perdió la práctica con su firme creencia de que el esfuerzo era la clave para convertirse en un buen tirador. A pesar de estar cautivado por la esgrima, Ota era muy consciente de lo poco que se conocía el deporte en Japón y lo pobre que era su entorno de entrenamiento.

Yuki Ota logra la primera medalla de florete individual para Japón 

La única forma de hacer que la esgrima fuera más reconocida era "ganar una medalla en los Juegos Olímpicos".

La Federación Japonesa de Esgrima (FJE) tenía la misma idea que Ota. Con el objetivo de fortalecer a los expertos en florete para los Juegos de Pekín 2008, la federación tomó la audaz decisión de implementar un campamento de entrenamiento de 500 días a partir del año anterior a los Juegos. La FJE estaba tomando un gran riesgo: si Ota era derrotado, la federación también sería responsable, lo que podría poner en peligro el futuro de la comunidad de esgrima de Japón.

Sin embargo, en mayo de 2008, cuando Pekín 2008 se acercaba, Ota pasaba una mala racha, incapaz de ganar combates. Con solo dos meses para los Juegos, el deportista tomó la decisión trascendental de soltar su espada y concentrarse únicamente en mejorar su fuerza física durante un período de tres semanas a partir de junio. Su objetivo era reforzar su capacidad defensiva.

"Si soy derrotado en los Juegos, perderemos nuestro entorno de entrenamiento, lo que significa que yo y otros aspirantes a este deporte en Japón, no podremos ir a los Juegos de Londres 2012", dijo, lo que lo hizo sentir más presionado para mejorar.

Sin embargo, perseveró en sus esfuerzos de entrenamiento físico, corriendo largas distancias y trabajando en su fuerza muscular mientras se ponía al límite.

"El único pensamiento que tenía en mente era ganar una medalla"

Cuando comenzaron los Juegos de Pekín, su fuerza física mejorada le permitió vencer a varios oponentes de mayor rango en una serie de duelos muy reñidos con una audaz toma de decisiones y buenos ataques.

En la semifinal, a un paso de ganar una medalla, Ota se enfrentó a Salvatore Sanzo de Italia, quien había ganado una medalla de plata en Atenas 2004. Después de que Sanzo se pusiera por delante en el comabte, Ota incrementó el ataque y sumó cinco puntos consecutivos. Ambos contendientes lucharon con una determinación inquebrantable, con Ota enfrentando un punto de partido por 13-14. Aquí es donde entró en juego la capacidad defensiva fortalecida del atleta.

Sanzo se estaba concentrando en hacer ataques rápidos, mientras que Ota aprovechó la situación para nivelar el marcador en 14-14. Cuando el espadachín italiano estaba a punto de ganar el último punto necesario para llegar a la final, Ota lo atrajo a su zona defensiva, lo esquivó y empujó su espada mientras se agachaba.

Este fue el momento en que su esfuerzo le hizo alcanzar su objetivo. Ota levantó su espada en el aire. Había conseguido llegar a la final, lo que significaba que ganaría una medalla Olímpica. Este fue un logro inmenso tanto para Ota como para la comunidad de esgrima japonesa. "Espero hacer de la esgrima un deporte convencional en Japón", apuntó.

Una vez en la final, Ota se enfrentó al alemán Benjamin Kleibrink que le venció 15-9. En el último combate perdió pero ganó una medalla de plata con sabor a oro, la primera de la historia en esgrima para su país.

Cuando Ota partió de Japón a Pekín, solo cuatro personas lo despidieron, pero a su regreso, más de 200 entusiastas seguidores lo esperaban en el aeropuerto. La escena fue un sueño hecho realidad para el deportista.

Su amor por la esgrima y su creencia inquebrantable en su propio potencial desde que era un niño finalmente le pagaron dividendos y lo recompensaron con una codiciada medalla Olímpica.