Mirada al pasado: zambullidas en St Louis

Imagen de un competidor flotando durante un evento de inmersión en 1918.
Imagen de un competidor flotando durante un evento de inmersión en 1918.

Los Juegos Olímpicos están llenos de campeones, récords e historias fascinantes, pero son también una enciclopedia increíble de momentos extraños, graciosos, emotivos y tristes. Nos adentraremos en ellos un poco cada semana para conseguir ponerle una sonrisa en la cara o una lágrima en la mejilla. Esta semana: ¿nos damos un chapuzón?

Vamos a sumergirnos

"Zambullidas en distancia" o "saltos en distancia de natación" fue un deporte Olímpico. Quizá se esté planteando qué tipo de deporte era. Bien, en principio lo que había que hacer era saltar a la piscina, desde una posición de pie, lo más lejos posible. El salto se medía después de que el competidor hubiera permanecido 60 segundos debajo del agua, o tan pronto como su cabeza asomara en la superficie.

Para ser precisos, la Asociación Americana de Natación lo definió como: "Un salto desde una estación de despegue libre de muelles, desde una altura de 18 pulgadas sobre el agua. Al llegar al agua, el saltador se desliza boca abajo por 60 segundos sin ninguna propulsión del cuerpo con los brazos o las piernas".

El equipo Olímpico de natación de Nueva York en 1904.
El equipo Olímpico de natación de Nueva York en 1904.
Dominio público / New York Athletic Club

El pico en St Louis…

En los Juegos de St. Louis 1904, estaba este deporte en el programa, algo que tenía sentido entonces porque fue en siglo IXX cuando obtuvo más popularidad. William Paul Dickey, de Estados Unidos, ganó la competición con un salto de 62 pies y seis pulgadas (19.05 metros). Los otros cuatro contendientes también eran de Estados Unidos.

… y la rápida caída

Por diversos motivos, la experiencia de las zambullidas en distancia de St. Louis no se repitió cuatro años más tarde en los Juegos Olímpicos de Londres 1908. El principal fue que muchos no lo consideraban como un como deporte suficientemente atlético. En el New York Times, John Kiernan escribió que era como "meras montañas de grasa que caían en el agua de manera más o menos exitosa dependiendo de la inercia para conseguir puntos". No era precisamente una descripción muy positiva...