Mirada al pasado: la maldición de los obstáculos

Gail Devers, de Estados Unidos, se tropieza y cae en la línea de meta tras la décima valla en el evento de 100 metros vallas durante la final de los Juegos Olímpicos el 6 de agosto de 1992 en el Estadio Olímpico de Barcelona, España. (Imagen por James Meehan/Getty Images)
Gail Devers, de Estados Unidos, se tropieza y cae en la línea de meta tras la décima valla en el evento de 100 metros vallas durante la final de los Juegos Olímpicos el 6 de agosto de 1992 en el Estadio Olímpico de Barcelona, España. (Imagen por James Meehan/Getty Images)

Los Juegos Olímpicos están llenos de campeones, récords e historias fascinantes, pero son también una enciclopedia increíble de momentos extraños, graciosos, emotivos y tristes. Nos adentraremos en ellos un poco cada semana para conseguir ponerle una sonrisa en la cara o una lágrima en la mejilla. Esta semana: la maldición de Devers en las vallas

Primera vez: mala suerte

Gail Devers llegó a la final de los 100 m vallas de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 como una de las grandes favoritas, junto a Yordanka Donkova. Había completado una asombrosa temporada en 1991, después de superar el año anterior un problema raro autoinmune: la enfermedad de Graves. Días antes de la final, Devers ganó sorprendentemente el esprint final de los 100 m, con lo que batió a Juliet Cuthbert por unos milímetros. Todo apuntaba a otra medalla de oro... hasta la última valla. La atleta americana golpeó la valla, lo que le hizo caer. Esto dio el título a la griega Voula Patoulidou.

La travesía olímpica de Devers con sus particularidades
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Segunda vez: demasiado lenta

Pero Devers no es la típica persona que se rinde. En los siguientes cuatro años, ganó todo lo posible en su disciplina favorita, incluyendo los campeonatos del mundo de 1993 y 1995. En Atlanta, los Juegos Olímpicos en los que competía como local, había llegado el momento de que consiguiera su primera medalla de oro en vallas. Una vez más, ganó en 100 m, superando a Merlene Ottey, en la final más disputada de la historia. Pero, de nuevo, no pudo ganar en vallas. Acabó cuarta en la final.

Tercera y cuarta vez: lesión

Podrían pensar que Devers se habría rendido entonces y habría dejado que la maldición ganara. Pero no lo hizo. En Sídney 2000, con 33 años, Devers era de nuevo la vallista más rápida que iba a participar en los Juegos, tras ganar el año anterior el título mundial. Incluso había superado su mejor tiempo con un impresionante 12.33. ¿Algo podía detenerla esta vez? Desafortunadamente, no todas las historias tienen un final feliz. En esta ocasión, el sueño acabó con Devers sufriendo en la semifinal un desgarro en el isquitibial. "Hoy era el turno de brillar de otra persona. Pero eso no significa que el sueño de Gail Devers se haya esfumado", comentó entonces.

Después de haberlo intentado sin éxito en tres ocasiones, Devers seguía queriendo su medalla Olímpica en vallas. Así que volvió a intentarlo en Atenas, Juegos a los que clasificó con 37 años. Desafortunadamente, en sus últimos Juegos, una lesión en el muslo le impidió clasificarse para la final. Aunque Devers acabó su carrera con tres oros Olímpicos, sus recuerdos de los Juegos aún pueden haberle dejado un sabor amargo...