Marcela Gómez y su maratón contra el reloj

Marcela Gómez finaliza una carrera.
Marcela Gómez finaliza una carrera.

Después de una década separada del atletismo, la maratonista argentina volvió a él de la mejor manera posible: logró la marca mínima para Tokio 2020 en el cuarto maratón que corría en su vida

"El maratón es como una vida". Así es como empieza a relatar Marcela Gómez el Maratón de Sevilla en el que logró la marca mínima que le dio el billete a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Dice esto "porque es mucho tiempo corriendo", y durante las casi dos horas y media de carrera, puede pasar de todo. Como en la vida.

En Sevilla, Marcela Gómez tuvo sus más y sus menos: al principio se veía fuera del ritmo para conseguir la marca, y después, en el kilómetro 37, sufrió una dolencia estomacal, pero superó todo para conseguir su mayor hito deportivo.

En su vida, tampoco todo ha sido un paseo de rosas. Se enamoró del atletismo de pequeña, pero, sin opciones de seguir en él, estuvo diez años sin competir. Se reenganchó al deporte de manera profesional en 2012 y, entonces, fue cuando el deporte se enamoró de ella. Logró la marca mínima para Tokio 2020 en el cuarto maratón de su vida.

"Yo digo que es bueno tener algo para contar, porque si no, parece que fue muy fácil", dice entre risas Gómez, al recordar los momentos duros que sufrió en Sevilla.

"En el 37 me empecé a sentir mal, empecé a sentir un incómodo estomacal, ganas de parar, ansias de vómito, muy mal, muy mal. Yo veía que el reloj corría y no lo seguía", relata Gómez -aunque en su vida ha llegado incluso a adelantar al reloj.

"Estaba sufriendo mucho. Mi cabeza me decía 'No pares, no pares, no pares'. Y otro lado de mi cabeza me decía 'Para un poquito, recupérate y volvé'. Y yo pensaba 'Si yo paro, no vuelvo a correr'. Así que empecé a cambiar la pisada, la respiración, y a sacar fuerzas de donde no tenía. Y después de 500 metros, conseguí recuperarme y volver a correr. Y creo que ese malestar que yo pasé durante ese medio kilómetro me dio fuerza extra porque la última parte yo la corrí como nunca en mi vida y gracias a Dios fue suficiente", expresa con orgullo.

El poder de la mente y de la soledad

Para sobrellevar estos momentos en carrera, Gómez tiene claro cuál es su principal arma: "Yo siempre digo que yo creo que mi punto más fuerte como atleta es la parte psicológica".

Esta fortaleza mental, como explica, la ha forjado en soledad. "En ese maratón de Sevilla a partir del kilómetro 16 corría en soledad. Mi fortaleza mental me hizo seguir, y lo que tiene mucho que ver con eso es que yo entreno sola. No tengo pacer para entrenar", dice Gómez.

En este caso, lo que podría ser una debilidad, como es entrenar sola, lo ha convertido la argentina en una virtud. Sin embargo, su vida personal no está definida precisamente por la soledad.

Soñar con ser atleta, con vivir el día de mañana del atletismo, me parecía como ilusorio

Su marido, su mayor impulso

Gómez se mudó en 2011 de Argentina a Brasil, país de origen de su marido. Le conoció en una carrera a la que Gómez fue para acompañar a sus amigos. Ella llevaba tiempo sin tomarse el atletismo como algo profesional, sino más una afición... aunque el deporte siempre le hubiera acompañado en su vida.

"Yo conocí el atletismo en el colegio cuando tenía 13 años y corría 1.500 m. Fui tricampeona provincial, participé en nacionales… Pero en mi país es muy difícil poder continuar con el deporte. Soñar con ser atleta, con vivir el día de mañana del atletismo es como ilusorio, porque no tenés apoyo, no tenés incentivo. Pasa la edad escolar y es como que todas las puertas se cierran", recuerda Gómez sobre sus inicios en el atletismo.

Es por ello que, tras el colegio, su carrera deportiva se cerró. "Me dediqué a estudiar, a trabajar. Pero yo siempre digo que correr siempre estuvo en mi vida, porque cuando yo estaba estudiando y llegaba la época de exámenes finales, correr 30 minutos para mí era el mejor remedio para relajarme", cuenta.

Sin embargo, conocer a su marido le hizo cambiar de perspectiva. Le hizo pensar que aquello que ella veía como ilusorio, en realidad era posible.

Marcela Gómez, de Argentina, participando en una competición. Competirá en Tokio 2020 en la prueba de maratón.
Marcela Gómez, de Argentina, participando en una competición. Competirá en Tokio 2020 en la prueba de maratón.
Por cortesía de Marcela Gómez

"Mi marido es el responsable de que yo volviera al deporte diez años después de haberlo dejado. Yo no entrenaba, corría porque me gustaba, trotaba, digamos, no corría. Y él sí. Pero él siempre vio como un talento en mí. Siempre me decía 'Tenés que dedicarte a ello, podés vivir del deporte, vos tenés talento'. Y para alguien que viene del interior argentino, bien del interior, que te digan podés vivir del deporte… es ilusorio. Desear vivir del deporte no existe. Hasta que en tanta insistencia de él le dije un día bueno, voy a intentar", recuerda Marcela Gómez.

Así, en 2012 paró de trabajar y decidió centrarse "por unos meses" en entrenar y en descubrir si era posible. Y claro que lo fue.

Al principio comenzó en pruebas de fondo y medios maratones, pero en 2018 decidió aumentar la distancia a maratón (42.195 km).

"Yo debuté en el maratón de Río de Janeiro en 2018, que no la preparamos mucho. Ajustamos un poco el entrenamiento y entramos en esa maratón como un test para ver si yo conseguía sobrevivir a la distancia. Sobreviví, y a la semana había perdido las uñas del pie y todo por correr sin preparación", rememora Gómez.

Pero a pesar de ello, gracias a su amor en su vida personal, su marido, encontró otro amor en el ámbito deportivo: el maratón. 

"Una sufre muchísimo en el maratón, pero cuando lo hice dije: 'Este es el desafío que yo quiero'. Me enamoré. Fue amor a primera corrida", dice la argentina.

Fue bastante tiempo perdido, fueron más de diez años en los que no me dediqué nada al deporte

Argentina por bandera

De aquel primer maratón al de Sevilla, solo pasaron tres pruebas en esta distancia. De hecho, cuando salieron las bases de Tokio para las mínimas, su mejor marca era un 2:42. En su última maratón antes de Sevilla marcó un tiempo de 2:34, en el Campeonato Sudamericano. Necesitaba 2:29:30 para clasificar.

"Es increíble esa sensación de decir 'yo conseguí lo que muchos sueñan en conseguir, que es la marca mínima Olímpica", sentencia.

El rápido ascenso de Marcela Gómez fue indiscutible. El maratón estaba hecho para ella.

Y, aunque toda esta carrera deportiva la haya forjado en Brasil, lo único que tenía claro Gómez es que representaría a su nación, Argentina, en el mayor escenario deportivo mundial.

"Me decía un amigo de Brasil que me hiciera brasilera. Y yo le decía: 'No, me voy hacer brasilera después que vaya a los Juegos Olímpicos para Argentina'. Le decía eso en una época en que ni siquiera estaba pensando todavía en trabajar para hacer una marca Olímpica, pero es algo que siempre tuve en mi cabeza", cuenta.

¿Existe el tiempo perdido?

Sin embargo, la mayor carrera de Marcela Gómez la hizo contra su propio reloj. Dejó el atletismo en el colegio con 16 años. Ahora tiene 36. En este lapso de tiempo, pasó una década sin ponerse unas zapatillas para correr de manera seria. Y está ahora en los Juegos.

"El objetivo ahora es ir a Tokio, no a sacarme una foto y decir que fui a unos Juegos Olímpicos. Yo quiero ir a Tokio y, si es posible, mejorar mi marca o hacer una colocación histórica para mi país. No ir para decir 'soy atleta Olímpica'. Quiero llegar allá y dar mi mejor. Trabajar al 150 por cien para llegar allá y hacer una buena presentación y dejar bien representado mi país es lo que más quiero", sentencia.

Pero, ¿qué habría pasado si Marcela Gómez nunca hubiese parado?

"Eso siempre pasa por la cabeza, qué hubiera pasado si después de mis 16 años, cuando terminó la edad escolar, alguien me hubiese dicho 'mira, te damos una beca para que sigas estudiando y entrenando', o hubiese encontrado un entrenador con ese ojo clínico que te diga tienes talento. Tal vez hoy yo hubiese tenido, no sé, tres Olimpiadas en las piernas o tal vez no, es algo que nunca vamos a saber. Si sé que tal vez hubiese hecho muchas más cosas por el deporte. Fue bastante tiempo perdido, fueron más de diez años en los que no me dediqué nada al deporte. Y cuando comencé era bien de grande y tal vez hubiese conseguido grandes resultados. O tal vez no. Nunca lo vamos a ver", recalca.

Sea como fuere, dos décadas después de dejar el deporte, Marcela Gómez le ha ganado tiempo al reloj. A los diez años sin atletismo. Al récord argentino. A esa marca mínima que no ha sido un obstáculo suficiente para que ella esté en Tokio. Y, por fin, vivirá aquello que no era tan ilusioro como creía.