Los 42 kilómetros de Yibuti hasta la gloria Olímpica

Hussein Ahmed Salah, de Yibuti, durante el maratón masculino de Seúl 1988.
Hussein Ahmed Salah, de Yibuti, durante el maratón masculino de Seúl 1988.

Si bien ganar una medalla Olímpica es un objetivo personal para miles de atletas, para 24 países es un sueño que solo se ha hecho realidad una vez. Tokyo2020.org analiza este único momento glorioso y el impacto que tuvo en la vida de los atletas que lo lograron

Los inicios

En el Cuerno de África hay un pequeño país que consiguió la gloria Olímpica en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988: Yibuti.

Esta nación ha tomado parte en ocho ediciones de los Juegos, siendo la primera Los Ángeles 1984 y la última, Río 2016. Su única ausencia desde 1984 fue en Atenas 2004.

Aunque Yibuti siempre ha mandado una pequeña delegación de atletas a los Juegos, siempre han sobresalido en una disciplina de atletismo: el maratón.

De hecho, de los únicos tres atletas de Yibuti enviados a Los Ángeles 1984, todos ellos compitieron en el maratón. Djama Robleh consiguió el mejor resultado para el país en su debut con una octava plaza. El siguiente en lograr un mejor puesto fue Hussein Ahmed Salah, quien llegó vigésimo. Cuatro años después, este mismo atleta llevaría a Yibuti a su primer -y único hasta ahora- podio Olímpico.

Haciendo historia

Para cuando llegaron los Juegos de Seúl 1988, Salah tenía la misma experiencia Olímpica que su nación: una sola aparición.

Pero antes de aquellos Juegos, se había puesto a prueba en maratones por todo el mundo.

Durante la Olimpiada entre Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, Salah ganó los Campeonatos Africanos y la Copa del Mundo en 1985. Dos años después, añadió su nombre a la lista de mejores maratonianos del mundo cuando ganó una plata en los Campeonatos del Mundo, en Roma.

Y así, comenzó los Juegos Olímpicos de Seúl como uno de los favoritos, pero lo que pasó realmente durante lo competición fue todo menos sencillo para él. Salah finalizó tercero en el maratón más ajustado de la historia Olímpica.

Solo 27 segundos separaron el oro del bronce. El italiano Gelindo Bordin fue primero, con un tiempo de 2:10:32. Le siguió el keniata Douglas Wakiihuri (2:10:47) y Salah (2:10:59).

Aunque Salah no consiguiera el premio gordo ganando el oro, logró algo muy especial: después de más de 42 kilómetros, se alzó con la primera medalla en la historia Olímpica de su nación.

De izquierda a derecha: El bronce, Hussein Ahmed Salah,de Yibuti; El ganador, Gelindo Bordin, de Italia; y el ganador de la plata, Douglas Wakiihuri, de Kenia, en el podio del maratón masculino de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
De izquierda a derecha: El bronce, Hussein Ahmed Salah,de Yibuti; El ganador, Gelindo Bordin, de Italia; y el ganador de la plata, Douglas Wakiihuri, de Kenia, en el podio del maratón masculino de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
COI

El impacto de la medalla

La carrera como atleta de Salah no terminó cuando cruzó la meta de Seúl. Continuó corriendo, kilómetro tras kilómetro.

Tras los Juegos, Salah se tomó un descanso de la competición internacional, pero su regreso a la carretera fue extraordinario, ya que logró la medalla de plata en el Campeonato del Mundo de la IAAF de Tokio 1991, tras finalizar la carrera tras el héroe local Hiromi Taniguchi.

Salah también ganó en los siguientes años el Maratón de Reims (1996), el de Belgrado (1996), el de Viena (1998) y el de Enschede (1998).

Manteniendo así su buena forma, Salah tomó parte en dos Juegos Olímpicos más: Barcelona 1992 y Atlanta 1996.

La mejor marca personal de su carrera fue de 2:07:07, lograda cuando finalizó segundo en el Maratón de Rotterdam de 1988. Este tiempo sigue siendo el récord nacional en Yibuti.

Salah nació el último día del año hace 63 años, pero siempre será recordado por algo contrario a ser último: por ser la primera persona de su país en conseguir una medalla Olímpica. Sus últimas apariciones en competiciones internacionales fueron en 1998, justo 10 años después de aquellos Juegos en los que hizo historia.