Jan Boersma, de no tener federación a ganar una plata en vela para las Antillas Neerlandesas 

Los competidores de las Antillas Neerlandesas en la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
Los competidores de las Antillas Neerlandesas en la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

Si bien ganar una medalla Olímpica es un objetivo personal para miles de atletas, para 24 países es un sueño que solo se ha hecho realidad una vez. Tokyo2020.org analiza este único momento glorioso y el impacto que tuvo en la vida de los atletas que lo lograron

Los inicios

Navegar es algo que los Boersma siempre han hecho. La familia, que vivía en los Países Bajos antes de mudarse al Caribe, pasaba su tiempo libre en un barco.

"Crecí en una familia fanática de la vela", dice Jan Boersma, el único medallista Olímpico de las Antillas Neerlandesas, que ganó la plata en vela en la clase Division II (tabla de windsurf) en Seúl 1988.

"Los fines de semana y las vacaciones de mi infancia los pasaba navegando con mi familia y amigos".

Sin embargo, su éxito no tuvo lugar en un barco, sino en una tabla. El atleta descubrió el windsurf a principios de la década de 1980.

Toda la familia se mudó primero de Holanda a Jamaica, y el padre de Jan compró una tabla. En 1983, se volvieron a mudar a las Antillas Neerlandesas, un lugar popular para la práctica del windsurf.

Jan, de 15 años en ese momento, descubrió rápidamente lo que quería hacer en los próximos años.

"Estaba literalmente obsesionado con el windsurf", recuerda en una entrevista con Tokio 2020.

"No tardé en darme cuenta de que quería perseguir el windsurf como una carrera con mi mente inicialmente puesta en los Juegos Olímpicos de 1988. Especialmente después de que Stephan van den Berg ganara el oro en Los Ángeles 1984 en windglider [la antigua tabla de windsurf Olímpica]".

El camino a Seúl 1988 no fue fácil ya que nunca había navegado en la División II, la nueva tabla de windsurf Olímpica para los Juegos, y "tuvo que navegar con un equipo obsoleto durante toda la temporada". Tampoco tenía presupuesto para entrenar.

Haciendo historia

Más adelante, Boersma encontró una tabla de la División II. En 1988, en su primer evento ya quedó entre los seis primeros países de la clasificación general en el Campeonato Mundial.

"Este evento fue un punto de inflexión. Finalmente estaba montando la misma tabla y era competitivo con los mejores, especialmente en condiciones de viento. Al crecer en Curazao, estaba acostumbrado a condiciones de mucho viento. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía la oportunidad de subir al podio en Seúl... ¡Todo lo que necesitaba era viento!".

Aunque logró obtener la cuota Olímpica, su país tenía que tener una federación nacional de vela. Pero esta no existía.

"Mi padre trabajó muy duro en segundo plano para hacer que sucedieran todas las cosas logísticas. Fundó una federación de vela en las Antillas Neerlandesas, contrató a un entrenador que tenía que ser de las Antillas Neerlandesas y recaudó dinero. Después de todo esto finalmente obtuvimos la confirmación final de que podía representar a las Antillas Neerlandesas en Seúl solo unas semanas antes de la competición".

Llegó un poco antes a Pusan, en el sur de la República de Corea, donde se desarrollaba la competición de vela para aclimatarse. En la Villa Olímpica de vela, conoció a algunos compañeros de las islas del Caribe, como Peter Holmberg de las Islas Vírgenes, el único medallista Olímpico de su país (plata en Finn en Seúl 1988) y Brian Talma de Barbados. "El ambiente caribeño estaba muy presente", dice.

Pronto llegarían las siete carreras Olímpicas que determinarían el podio. Boersma no era un aspirante a medalla. Además, las previsiones meteorológicas pronosticaban vientos suaves.

En la primera carrera, llegó en primer lugar con condiciones favorables. Pero no sucedió lo mismo más tarde y cayó en la clasificación, lejos de la lucha por las medallas. Entonces, llegó el viento.

"Pusan ​​se portó bien", recuerda.

"Hacía tanto viento, las condiciones eran tan extremas que decidieron cancelar un día de las carreras por razones de seguridad".

"Esto fue muy desafortunado para mí, ya que cuanto más extremo, mejor. Afortunadamente, los últimos días todavía fueron lo suficientemente ventosos como para volver al podio y conseguir la plata".

El impacto de la medalla

Esta medalla no solo le dio el orgullo de convertirse en el primer medallista Olímpico de su país con solo 19 años, sino que también le dio confianza para su futuro.

"Ganar la medalla de plata fue increíble. Demasiada emoción te llega a la vez. Dejar atrás las luchas y obstáculos que tuve que superar para llegar allí y, en última instancia, la satisfacción de saber que mi sueño se hizo realidad. Todos los que me apoyaron para hacer realidad mi sueño y la satisfacción de no tener opciones al inicio y llevarme una medalla. Esa medalla me hizo creer en mí mismo".

Luego se convirtió en profesional y pasó a competir en disciplinas diferentes durante los siguientes 10 años, antes de retirarse del deporte.

Más tarde, dejó el mar para convertirse en piloto. Primero voló de forma recreativa en Sudáfrica antes de mudarse a los Estados Unidos para obtener su licencia.

Boersma tiene ahora 52 años y todavía vuela. Es piloto comercial de Alaska Airlines y vive en Hood River, Oregon. Obviamente, otro lugar con mucho viento.

Por su parte, las Antillas Neerlandesas pasaron a ser historia en 2010. Las antiguas colonias de Holanda en el Caribe de Curazao y San Martín se convirtieron en países autónomos dentro del Reino de los Países Bajos, en un cambio del estatus constitucional que disolvió el antiguo país, ganador de única sola medalla en la historia Olímpica.