Del mediodía a la noche: la increíble final de récord de pértiga

El medallista de oro Fred Hansen, de los Estados Unidos (centro), en el podio junto al medallista de plata Wolfgang Reinhardt (izda.) y al de bronce, Klaus Lehnertz, del Equipo Unido de Alemania, tras la final de pértiga de los Juegos Olímpicos de Tokio 29164. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
El medallista de oro Fred Hansen, de los Estados Unidos (centro), en el podio junto al medallista de plata Wolfgang Reinhardt (izda.) y al de bronce, Klaus Lehnertz, del Equipo Unido de Alemania, tras la final de pértiga de los Juegos Olímpicos de Tokio 29164. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)

En octubre de 1964, Tokio fue por primera vez sede de unos Juegos Olímpicos. Para celebrar el aniversario, Tokio 2020 le acercará algunos de los momentos más increíbles e históricos que tuvieron lugar hace 56 años. En una nueva parte de la serie, echamos la vista atrás a la increíble final masculina de pértiga, que duró más de siete horas - la más larga de este evento en la historia Olímpica

Los antecedentes

La pértiga (también conocida como garrocha en algunos países) y los Juegos de Verano tienen una relación que se remonta al inicio de los Juegos, ya que el evento ha tenido lugar en cada edición desde 1896. Pero incluso con una historia tan rica y larga, la competencia masculina de Tokio 1964 es del tipo que los historiadores aprecian para comentar cada vez que se menciona el salto con pértiga Olímpico.

De cara a los Juegos Olímpicos de 1964, los Estados Unidos eran reyes indiscutibles del salto con pértiga, habiendo ganado la medalla de oro en todos los Juegos desde 1896. Y con el poseedor del récord mundial Fred Hansen a la cabeza, otra medalla de oro era casi inevitable.

Casi.

Hansen había irrumpido en la escena del salto con pértiga en 1964 y uno de sus compatriotas, Brian Sternberg, podría haber sido considerado más favorito para luchar por el oro si el destino no hubiera apagado sus posibilidades. Sternberg, que había establecido nuevos récords mundiales en múltiples ocasiones, se rompió el cuello en un accidente de trampolín, que le dejó paralizado.

Fred Hansen, de Estados Unidos, compite en la pértiga masculina en el Estadio Nacional de Tokio en los Juegos de 1964. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
Fred Hansen, de Estados Unidos, compite en la pértiga masculina en el Estadio Nacional de Tokio en los Juegos de 1964. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
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El momento

El evento de clasificación tuvo lugar el 15 de octubre con saltadores con pértiga de hasta 20 países que esperaban hacerse un nombre en el escenario deportivo más grande del mundo.

Hansen, junto con sus compatriotas John Pennel y Billy Pemelton, pasaron fácilmente la barra de 4,60 m para llegar a la final junto con otros 18 competidores.

Dos días después, tuvo lugar la final, que comenzó alrededor de la 1 de la tarde en Tokio, con la expectativa de que terminaría en tres o cuatro horas.

Sin embargo, esto fue una ilusión.

Uno tras otro, los atletas se retiraron de la final a medida que la altura subió de de 4,40 m a 4,95 m. Al final, solo quedaron cuatro saltadores: Fred Hansen y tres atletas alemanes: Wolfgang Reinhardt, Klaus Lehnertz y Manfred Preussger.

Inicialmente, la altura de la barra se incrementó en 10 o 20 cm, pero a medida que avanzaba la final, los oficiales decidieron elevarla solo 5 cm cada vez, alargando de este modo la final.

Después de que los cuatro finalistas superaran los cinco metros, la altura se elevó nuevamente cinco centímetros. Fred Hansen decidió pasar la altura pero Reinhardt superó la barra de 5,05 metros mientras sus dos compatriotas se retiraban.

Ahora todo lo que se interponía entre Hansen y el oro era el alemán Wolfgang Reinhardt y un listón fijado en 5,1 m.

Sorprendentemente, a pesar de que la final había durado más de siete horas, Hansen solo había saltado cuatro veces antes de su duelo final con su oponente alemán. El sol se había puesto y el estadio estaba sumergido en el brillo de las luces del estadio, pero alguien esperaba brillar aún más.

Tanto Hansen como Reinhardt fallaron en sus primeros dos intentos, y el alemán estaba visiblemente exhausto durante la intrépida final.

Hacia de las 10 de la noche (hora local) del 17 de octubre, y con una temperatura cayendo por debajo de los 20 grados celsius, todo se redujo a un salto de Hansen, que necesitaba superar la barra de 5,1 m para prevenir que Reinhardt se hiciera con el oro.

Hansen saltó limpiamente sobre la barra y Reinhardt no pudo replicar la hazaña del estadounidense.

Después de más de siete horas, durante las cuales el color del cielo había cambiado de azul a negro, Hansen había conseguido el oro en la final de salto con pértiga más larga de la historia Olímpica.

Fred Hansen, de Estados Unidos, compite en la final de pértiga de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, el 17 de octubre en el Estadio Nacional. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
Fred Hansen, de Estados Unidos, compite en la final de pértiga de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, el 17 de octubre en el Estadio Nacional. (Imagen por Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
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¿Qué pasó después?

El dominio de Estados Unidos en el salto con pértiga Olímpico continuó por otra edición, pero se rompió esta hegemonía en 1972 después de una gran controversia que involucró al campeón defensor Bob Seagren, quien se vio obligado a competir con una pértiga que no era suya después de que la nueva banana-pole fuera prohibida en la competencia Olímpica.

El oro de Fred Hansen en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 siguió siendo su mayor logro y le garantizó un lugar entre los mejores atletas en la historia del salto con pértiga. En cuanto a Wolfgang Reinhardt y Klaus Lehnertz, los dos alemanes lograron algo que nadie más de su país había hecho antes: medallas de plata y bronce de salto con pértiga.

La final de salto con pértiga de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 fue única en muchos aspectos, desde ser la primera en disputarse con pértigas de fibra de vidrio hasta la increíble largura de la final. Pero si bien las pértigas de fibra de vidrio se siguen utilizando hasta el día de hoy, es poco probable que se supere el segundo aspecto único de la final. Al menos, a corto plazo.