Cómo Olufunke Oshonaike convirtió lo negativo en positivo

DÜSSELDORF, ALEMANIA - 31 DE MAYO: Olufunke Oshonaike, de Nigeria, compite en la ronda 1 de individuales femeninos en el Campeonato del Mundo, en el Messe Düsseldorf el 31 de mayo de 2017 en Düsseldorf, Alemania. (Imagen por Maja Hitij/Bongarts/Getty Images)
DÜSSELDORF, ALEMANIA - 31 DE MAYO: Olufunke Oshonaike, de Nigeria, compite en la ronda 1 de individuales femeninos en el Campeonato del Mundo, en el Messe Düsseldorf el 31 de mayo de 2017 en Düsseldorf, Alemania. (Imagen por Maja Hitij/Bongarts/Getty Images)

A medida que la historia Olímpica llama a su puerta, la jugadora de tenis de mesa más exitosa de África explica cómo sus momentos difíciles le inspiraron hacia la gloria deportiva.

Olufunke ‘Funke’ Oshonaike derramó lágrimas de felicidad y de tristeza cuando ganó el partido de inviduales femeninos en el torneo de África, disputado en Túnez, en febrero de 2020.

Ella, según admite, llora mucho, pero en esta ocasión la nigeriana se había convertido en la primera mujer africana en asegurarse su séptima participación en unos Juegos Olímpicos.

Una vez más, Funke lo hizo contrapronóstico. Ganó un partido que a priori ni siquiera se esperaba que jugara.

"No pude jugar durante mucho tiempo a tenis de mesa después de los Juegos de África, disputados en Marruecos. Tuve que pasar de nuevo por quirófano este año, en enero, y lloré amargamente", cuenta la jugadora, de 44 años, al Olympic Channel, mientras niega con su cabeza ante este recuerdo.

"Mi nombre no estaba en la lista de África de las mejores 16. Estaba muy triste porque supuestamente tendría que haber estado lista para la competición. Peleé pero perdí. Las mismas personas que planearon quitar mi nombre de aquella lista también intentaron quitarlo de la clasificación Olímpica, pero Dios es grande", prosigue.

Batalla contra la depresión

Nada iba a romper a la reina africana del tenis de mesa, endurecida por la batalla, especialmente cuando estaba al borde de hacer historia.

Fue complicado para ella superarlo y dejar atrás otro momento oscuro en su vida.

"Mucha gente me rompió el corazón", reconoce, sobre su duro camino hacia Japón.

El año pasado tuve depresión. Lloraba prácticamente a diario.

Comencé a tener alta la presión arterial. Me operaron dos veces

El valor envalentonó a la seis veces Olímpica.

Y cada vez que rendirse pasaba por su cabeza, se recordaba a sí misma por qué había empezado. "Todavía amo lo que hago. Cada vez que pienso en parar me digo 'Oh, voy a echar de menos a mucha gente, al equipo, los Juegos, la Villa Olímpica'. Es otro mundo", reconoce.

"Mucha gente me pregunta '¿Cuándo te vas a rendir? ¿No sabes que eres una señora mayor?'. Pero les sigo diciendo lo mismo: 'Si no supieras mi edad, ¿seguirías diciendo esto?'. Mi cuerpo todavía me dice que puedo seguir jugando muy bien. ¿Por qué no seguir?", dice.

Sus comienzos

Funke tenía 14 años cuando empezó a jugar a tenis de mesa en su vecindario de Akeju, en Shomolu.

Sus padres le apoyaron en su nueva pasión.

"Ya se sabe cómo se juega a fútbol en las calles, pero yo jugaba a tenis de mesa en las calles de Nigeria, en la carretera. También solía jugar en la mesa del salón".

Pero su estilo y rápido ascenso en el deporte la hicieron un blanco fácil para los abusones y los envidiosos.

"Siempre me abucheaban cuando jugaba en las competiciones de Nigeria porque era muy tímida. Yo preguntaba por qué y me decían que era porque era orgullosa, arrogante, y no me mezclaba con la gente. Lloré mucho", recuerda de sus años formativos de tenis mesa en la ciudad más poblada de África, Lagos.

"Hubo una vez en la que incluso la gente (casi) me apuñala en Lagos por derrotar a mi máxima rival entonces en el Rowe Park", rememora.

Un pasado doloroso

Sin embargo, la hostilidad le hizo fuerte y le elevó a las alturas.

Se convirtió en uno de los miembros más jóvenes del equipo de Nigeria en los Juegos Panafricanos, en Cairo, en 1991.

Pero, mientras Funke cimentaba su plaza en el equipo nacional, debutando en los Juegos Olímpicos en Atlanta 1996, tuvo que enfrentarse a problemas personales.

"Sufrí abusos físicos, sexuales, emocionales y mentales. Un hombre me pegó durante más de tres años. Recuerdo que iba siempre a la UNILAG (Universidad de Lagos), con la cara amoratada, pero nunca me rendí en el tenis de mesa, con los hombres, o en la vida", confiesa.

Poco después se convirtió en profesional y se trasladó a Italia, antes de asentarse definitivamente en 1998 en Hamburgo, donde reside actualmente.

Este cambio hizo que mejorara su juego, pero tuvo que afrontar otro giro en su vida.

"Me volví a enamorar de nuevo, de mi mejor amigo en Alemania. Tres meses antes de nuestra boda, vino a Nigeria de vacaciones y fue baleado por ladrones armados. Pasé por un infierno sin él", relata.

La medallista en once ocasiones de los Juegos Africanos intentó interiorizar su pena, y siguió sin rendirse a la oscuridad. "Le lloré por dos años. Dejé de ir a Nigeria. Pero aún así seguí sin tirar la toalla en el tenis de mesa. Era mi única decisión".

Embarazada de siete meses pero jugando

El movimiento constante le permitió continuar jugando a tenis de mesa durante dos embarazos. Ganó el título de individuales y de dobles en los campeonatos africanos de 2003.

"Entrené y jugué profesionalmente hasta que llegaba a los siete meses de embarazo, porque mi barriga no era evidente en los primeros seis meses. Jugué en los campeonatos africanos y gané", cuenta.

“Después de dar a luz, comencé a jugar inmediatamente, y seguí ganando medallas para mi país. En los Juegos Panafricanos de 2003, en Abuja, mi primer niño solo tenía seis o siete meses, y gané cuatro medallas de oro. Fueron mis mejores Juegos, nunca lo olvidaré".

Tres años después, Oshonaike siguió jugando en la liga alemana hasta que estaba embarazada de seis meses. También compitió en los Campeonatos del Mundo por equipos de Tenis de mesa, que tuvieron lugar en Bremen, Alemania.

"Mi segundo niño también nació un enero. Fui a Algiers (donde se disputaban los Juegos Panafricanos de 2007) cuando él tenía seis meses, y gané dos medallas".

"Solía viajar con mis niños a las competiciones. Recuerdo momentos de estar entrenando y ellos llorando. O ir a torneos y tener que dejarles con mi entrenador", comparte la jugadora nigeriana.

El club de los siete Juegos

Con esta buena actitud, mostró mucha fuerza mental y física, que le han aumentado su confianza como atleta.

"A la gente le sigo diciendo que he pasado por mucho en mi vida, porque muchas personas solo ven a Funke Oshonaike, siempre sonriendo, pero he sufrido mucho. Y llorado y llorado", continúa.

"Tienes momentos buenos, y malos cuando caes, pero hay que deshacerse de todo eso y seguir adelante sin renunciar a tu sueño".

"Sé lo que quiero y voy a por ello. Mucha gente en Nigeria me decía: 'Funke, tienes 45 años, ¿por qué no le das la oportunidad a otros?'. Y les digo: 'No estoy reteniendo a nadie'", remarca.

Su mayor deseo ahora es entrar en el 'club siete' de la Federación de Tenis de Mesa. Su compañero de equipo, Segun Toriola; el belga Jean-Michel Saive; el croata Zoran Primorac; y el sueco Jorgen Persson han conseguido la hazaña de participar en siete Juegos Olímpicos.

El club de los siete solo tiene hombres que han acudido a siete Juegos Olímpicos en tenis de mesa. Solo hombres.

Seré la única mujer de África, de todo el mundo. Ese es mi sueño

Después quiere concentrarse en inspirar a jóvenes de su país a brillar en el tenis de mesa.

"Después de Japón, tiraré la toalla. Me gustaría hacer más, pero por ahora tengo la Funke Oshonaike Foundation, donde entrego equipamiento a niños. Los niños que hacen deporte en Nigeria vienen de un entorno bajo, no de una rica familia. Conseguir equipaciones es muy complicado. Pero cuando hablas de talento, en Nigeria tenemos mucho. Mucho", subraya.

Todo se trata para ella de retirarse del gran escenario en sus propios términos y de la manera correcta.