Bruno Hortelano: "Si salía de la cama del hospital, era para ir a Tokio"

BERLÍN, ALEMANIA - 9 DE AGOSTO: Bruno Hortelano de España se prepara en la pista de calentamiento antes de competir en la final masculina de 200 metros durante el día tres del 24o Campeonato Europeo de Atletismo en Olympiastadion el 9 de agosto de 2018, en Berlín, Alemania.
BERLÍN, ALEMANIA - 9 DE AGOSTO: Bruno Hortelano de España se prepara en la pista de calentamiento antes de competir en la final masculina de 200 metros durante el día tres del 24o Campeonato Europeo de Atletismo en Olympiastadion el 9 de agosto de 2018, en Berlín, Alemania.

Días después de culminar la mejor temporada de su trayectoria en los Juegos Olímpicos de Río 2016, el velocista español sufrió un duro accidente de tráfico. Su camino entre Juegos no ha sido fácil, pero afronta su presente con optimismo y su futuro, con sueños que cumplir. Sin embargo, su proceso de recuperación no ha llegado a su fin. "Aún no estoy en Tokio, así que sigo metafóricamente en la cama del hospital", dice.

Cuatro años pasan entre Juegos y Juegos. Esta vez, cinco. Y las historias de los deportistas en ese tiempo suelen estar encaminadas en buscar la mejor marca personal, títulos, superar a los rivales, ver quién estará en la cita Olímpica y quién no consigue clasificarse. Pero este camino comenzó para Bruno Hortelano con un simple paso. Literalmente.

Río 2016: primer renacimiento

2016 fue su año: se proclamó campeón de Europa de 200 m, batió aquel junio el récord de España en 100 m (con una marca de 10.06, aún vigente) y acudió a los Juegos Olímpicos de Río.

Fue en esta cita donde vivió uno de los momentos que le han marcado en su carrera. "El recuerdo más nostálgico fue la Ceremonia de Apertura: entrando al estadio por debajo, por un túnel oscuro y salir a la luz dentro del estadio. Simbólicamente fue como un renacimiento: de pronto ya era Olímpico. Era alguien capaz de hacer cumplir sus sueños. Lloré nada más entrar al estadio. Sin palabras", recuerda ahora Hortelano.

Sin embargo, deportivamente estaba tan enfocado en sus objetivos que la Ceremonia de Apertura es la única que vivió. No acudió a la de Clausura. "Esto es algo que me suele pasar cuando me centro en cuerpo y alma a un gran objetivo: cuando acabé mi prueba en Río me entró un agotamiento tan absoluto y profundo que estuve en la cama dos días sin salir. En la oscuridad. Un agotamiento completo, no solo físico ni mental, sino también espiritual. Fueron cuatro años que tuve que soltar en un largo suspiro de dos días. Y no fui a la Ceremonia de Clausura, la vi desde la tele, en la Villa. Por una parte me dio pena, pero había algo dentro de mí que sabía que volvería a ir y por tanto supe que esa clausura ya la tendría, pero en otro momento. Espero tenerla en Tokio”.

La Ceremonia de Apertura fue como un renacimiento: de pronto

ya era Olímpico. Era alguien capaz de hacer cumplir sus sueños"

RIO DE JANEIRO, BRASIL - 17 DE AGOSTO: Justin Gatlin de los Estados Unidos (D) compite contra Bruno Hortelano de España en las semifinales de 200 metros masculinos el día 12 de los Juegos Olímpicos de Río 2016 en el Estadio Olímpico el 17 de agosto de 2016, en Río de Janeiro, Brasil.
RIO DE JANEIRO, BRASIL - 17 DE AGOSTO: Justin Gatlin de los Estados Unidos (D) compite contra Bruno Hortelano de España en las semifinales de 200 metros masculinos el día 12 de los Juegos Olímpicos de Río 2016 en el Estadio Olímpico el 17 de agosto de 2016, en Río de Janeiro, Brasil.
2016 Getty Images

Cuando todo cambió

Sin embargo, tener una nueva Ceremonia de Clausura empezaba con construir una nueva Olimpiada. Y, antes de poder siquiera poner el primer objetivo, todo se desmoronó. Hortelano sufrió junto a su primo un grave accidente de tráfico una semana después de competir en Río.

“Yo desperté en el hospital y no sabía de dónde venía. Tenía recuerdos de hacía muchas horas. No sabía cómo había llegado allí. Recuerdo despertar con mucha desorientación, mucha confusión, y al mismo tiempo me sentía sobre una nube, por la morfina que tenía, pero con un dolor infinito. La morfina es como que te distrae del dolor, y el dolor sigue ahí. Yo he trabajado en hospitales como investigador, por lo tanto me imaginaba lo que había pasado", cuenta.

Las primeras noticias no fueron positivas. "El enfermero me dijo que había tenido un accidente de tráfico. Entonces, lo primero pregunté por la cabeza porque sé que, si tienes algo grave ahí, es muy difícil que salgas adelante. Me dijo que en la cabeza me había llevado un gran golpe y que tenía un corte grande, pero que el cerebro lo tenía bien. A lo largo de los días me hicieron dos pruebas más, y concluyeron que el cerebro lo tenía intacto. La suerte había sido que, lo que fuese que me cortó la cabeza, un hierro o lo que sea, raspó contra el cráneo pero no partió el hueso. Y ahí está la suerte y el destino. Entonces pregunté por las piernas y me dijeron que bien, y yo ya celebraba. Pregunté por el brazo y me dijo que tenía una luxación seria en la mano derecha. Y le pregunté: ¿la voy a perder? Y me dijo: No lo sé. Y el accidente lo tuve con mi primo, y yo a él no le veía. El enfermero me dijo que no sabía dónde estaba mi primo y ese momento fue muy duro para mí. Más adelante, horas después, me enteré que mi primo estaba bien, sano y salvo, y que los golpes me los había llevado yo. Eso fue una victoria para mí", prosigue.

A veces es irracional pensar que las cosas van a salir bien,

no es realista, pero da igual porque te ayuda

En ese momento comenzó su otra Olimpiada. "Realmente me daba igual perder la mano si sabía que el cerebro y las piernas las tenía. Es difícil explicar esto con palabras, pero la aceptación de perder la mano estaba ahí. Y eso fueron unas lecciones. Yo venía de una maratón que era una Olimpiada de cuatro años. Y desde el primer momento supe que venía otra maratón. Volvíamos a empezar, en un ámbito muy distinto. Tenía que tener paciencia, tener la mente en mis objetivos, y ser optimista. A veces es irracional pensar que las cosas van a salir bien, no es realista, pero da igual porque te ayuda”.

Sus ángeles

"Me puse como objetivo levantarme de la cama inicialmente, bajar el pasillo y tocar la pared del fondo y estuve varias semanas pero al final lo conseguí, con ayuda de mi familia y de los médicos, que fueron increíbles, mis ángeles. Me salvaron la vida, y no solo los cirujanos, sino también mi médico de medicina interna. Cuando volcó el coche mi mano raspó contra el suelo y se me infectó con una bacteria bastante mala. Ahí sí que me salvaron la vida porque esa infección podría haber pasado a la sangre", relata el atleta español.

Hortelano pasó ocho veces por quirófano -cuatro para someterse a operaciones y otras cuatro para realizar limpiezas-, y su primer gran ciclo duró seis meses. “Estaba pensando cero en el deporte en aquel momento. Era todo tratar de salvar mi vida: y no solo que mi corazón siguiera latiendo, sino también recuperar mi identidad, la imagen de mí mismo al mirarme al espejo. Fue una maratón de seis meses entrando y saliendo del hospital”.

En ese momento pensaba cero en el deporte. Todo era tratar de salvar mi vida:

no solo que mi corazón siguiera latiendo, sino también recuperar mi identidad

Cuando el más rápido necesita ir lento

Afrontar esto ha hecho a Hortelano aprender dos grandes lecciones: la aceptación y la paciencia.

“La aceptación fue una lección gigante: aprendí a saber distinguir las cosas que sí puedo controlar y esas cosas que no puedo controlar. Y las cosas que sí, tomar iniciativa para controlarlas lo mejor que pueda. No es tan distinto a lo que está pasando ahora, pero ahora nivel mundial", dice refiriéndose a la pandemia de la COVID-19.

La segunda lección, la de la paciencia, también le ha servido para afrontar otras situaciones que vinieron después del accidente, como, por ejemplo, lesiones.

“En ese momento yo sabía que no iba a cumplir ningún sueño, y yo soy un soñador, soy artista y sigo siendo niño. El mismo niño que con ocho años soñaba con ser Olímpico porque vio los Juegos de Sídney por la tele. Para los Juegos de Londres 2012 había tenido prisa, y claro, no llegué. Para los Juegos de Río había llegado, pero me quedaban lecciones que aprender: y entonces aprendí la lección de la paciencia, y esa es la que me estoy llevando ahora. Aunque haya pasado la fase inicial, sigo sintiendo las repercusiones de todo aquello", explica.

Tras el accidente, el camino siguió sin ser fácil. Pasó "unos 22 meses", según indica, sin competir. Tuvo que renunciar al Mundial de atletismo de 2017. "No fui al Mundial y lo hice porque, aunque yo estaba entrenando, no estaba en un estado físico para rendir a mis capacidades. No quería seguir cumpliendo mi sueño haciendo el ridículo en el camino, porque eso no me representa a mí, ni a mi familia, ni a los míos, ni a mi país. Eso no significa que los tiempos iban a ser malos, pero para mí no era lo mejor de mí".

En 2018, aunque sufrió una pubalgia esa temporada, fue bronce en el Europeo de 2018 en 4x400 m, y consiguió batir dos récords de España más: el de 200 m (con una marca de 20.04 superada en julio), y en 400 m (con un tiempo de 44.69 superado en junio de 2018). Pero ahora lleva sin competir desde entonces porque en 2019 sufrió una lesión en el tendón de Aquiles derecho. “Todos los años han sido saliendo retos, y cada uno ha sido distinto, y estos han formado mi Olimpiada”, sentencia.

Todo está en la cabeza

Hay un gesto, el de poner los dedos en la cabeza, que identifica a Hortelano. “Es un gesto que me inventé con uno de mis mejores amigos, en 2013, cuando decidimos teñirnos el pelo de la bandera española. Feísimo. Fuimos a un campeonato de Europa sub23 con esos pelos. Pasaron los días y nos olvidábamos que teníamos el pelo así, pero la gente nos miraba. Todo estaba en la cabeza, efectivamente. Él fue campeón de Europa de los 10.000 metros y yo saqué la mínima para ir a mi primer Mundial. El gesto es que todo lo que queremos comienza y acaba en la cabeza: comienza con el sueño y acaba con la confianza de que va a salir todo solo porque el trabajo está hecho. Creo que eso vino desde el punto de la ilusión que teníamos. Sentí la ilusión y lo transmití de esa forma, con ese gesto, que se ha quedado”, cuenta.

Sin embargo, no siempre ha podido valerse de esa ilusión.

“La ilusión no la he perdido. Se me enmascaró durante un tiempo desde el accidente y dejé de verla. Aunque las lesiones y el trauma físico me lo llevé en septiembre de 2016, el trauma y los daños psicológicos vinieron como ocho meses después. Al junio siguiente sentí que tocaba fondo psicológicamente y yo entraba en depresión. Fue después de renunciar al Mundial y de tener problemas en mi vida personal, y encima no poder agarrarme a mi trabajo, que era el deporte. Cuando me miraba al espejo veía a un enclenque que no era la persona que yo conocía de antes. Toqué fondo: apatía, sentir grandes confusiones, desorientación y una visión que no llega más allá de donde tienes los pies", recuerda Hortelano.

Tengo que dar las gracias a correr en línea recta.

Algo tan simple, pero que me ha salvado la vida varias veces

"Estuve como 22 meses sin competir después de Río, pero fue gracias al deporte que pude salir de todas esas situaciones, que quizá de otra forma no hubiera salido. Tengo que dar gracias a correr en línea recta. Algo tan simple, pero que me ha salvado la vida varias veces. La depresión no es algo de lo que se habla mucho pero es algo que se vive mucho, especialmente en el deporte, por ser algo tan efímero, por soñar y por querer ganar la medalla de oro. Pero medallas de oro solamente hay una".

BERLÍN, ALEMANIA - 8 DE AGOSTO: Vista general mientras los atletas compiten en la semifinal de 200 m masculinos durante el día dos del 24o Campeonato Europeo de Atletismo en Olympiastadion el 8 de agosto de 2018, en Berlín, Alemania.
BERLÍN, ALEMANIA - 8 DE AGOSTO: Vista general mientras los atletas compiten en la semifinal de 200 m masculinos durante el día dos del 24o Campeonato Europeo de Atletismo en Olympiastadion el 8 de agosto de 2018, en Berlín, Alemania.
2018 Getty Images

Tokio 2020: segundo renacimiento

Bruno Hortelano vio aquella luz al final del túnel en la Ceremonia de Apertura de Río 2016. Sintió aquel renacer. Y desde entonces tiene otro renacimiento, otra luz al final del túnel que brilla intensamente: la de Tokio 2020.

"En Tokio culmina un largo trayecto, una Olimpiada, una odisea, un gran camino para mí como persona y como deportista también, pero más bien personalmente. Cuando yo estaba en el hospital me hice la promesa de ir a Tokio si salía de la cama del hospital. Si salía de la cama del hospital, era para ir a Tokio. Y aún no ha llegado Tokio, por lo que no he salido de la cama del hospital metafóricamente. No he superado aquello aún, y por lo tanto sigo en la misma batalla. Y cansa, a veces cansa", reconoce el velocista.

Para llegar a salir de esa cama de hospital, se ha ido poniendo objetivos a corto plazo, según su "filosofía de simplificación", como llama él a su modo de pensar. No ha dejado de soñar, pero es realista.

“El sueño es Tokio, pero cuando se sueña no es con Tokio, cuando se sueña es ahora porque necesitas poder aplicar los sueños a tu día. Soñar por soñar para sentirme bien en el momento no es una función del sueño. La función del sueño es dar una orientación, una visión de dónde quieres ir. Y por tanto, con una visión y el camino, creas el plan, y lo llevas a cabo. Eso se ejemplifica en las rutinas para sentirte orgulloso todos los días. Dan un sentido a levantarse todos los días de la cama. Yo hoy me he levantado de la cama con el sentido de que iré a Tokio algún día, pero no quita a cómo voy a vivir el día de hoy. Mi gran objetivo, con lo que yo sueño, es entrenar día a día como lo haría un campeón Olímpico. Así puedo acabar el día, la semana, el mes o el año sabiendo que me he esforzado todo lo que podía en línea de ese objetivo y puedo estar satisfecho conmigo mismo".

Con lo que yo sueño es con entrenar día a día

como lo haría un campeón Olímpico

Todos sus Juegos Olímpicos

El sueño empezó viendo Sídney 2000 en la televisión. Y lo cumplió. Lo ha cumplido muchas veces, no solo en Río 2016.

“El niño de 8 años que veía los Juegos de Sídney no se imaginaba llegar a unos ni de coña. Yo solo quería ganar al chico más rápido de mi clase, de Toronto. Esos eran mis Juegos Olímpicos”, dice Hortelano. Sus Juegos Olímpicos después fueron los de Río 2016. Y después, los más complicados, los de salir de la cama del hospital, tocar la pared, volver a las pistas, superar las lesiones... Y, a pesar de todo, ha seguido creyendo en el lado bueno de las cosas.

“Desde el accidente veo más color en la vida. La muerte está en el presente, no en el futuro, aunque siempre la vemos como algo lejano. Asusta un poco, pero aporta mucho a la vida. Sin ella, no existe la belleza”.

Este modo de ver las cosas, y de aprender de la aceptación y de la paciencia, han construido una versión mejorada de Bruno Hortelano. "Ahora soy mejor deportista, aunque no haya competido. Has podido tomar la asignatura, pero si no tomas el examen final, ¿significa que no has aprendido nada? No. Has aprendido, pero no has tenido oportunidad de aplicarlo. Las lecciones las llevo dentro", explica.

Y con esas lecciones, y Tokio 2020 aproximándose, está construyendo su camino, que todavía no tiene final. Su línea recta, la que le ha salvado la vida, sigue esperando que la mejor versión de Bruno Hortelano la recorra.