Andrew Pozzi: lejos de casa para aprender de Santiago Antúnez

Andrew Pozzi, de Gran Bretaña, corriendo en las eliminatorias de 110 metros vallas en el Campeonato del Mundo de Atletismo de la IAAF en Doha 2019. (Imagen por Maja Hitij/Getty Images)
Andrew Pozzi, de Gran Bretaña, corriendo en las eliminatorias de 110 metros vallas en el Campeonato del Mundo de Atletismo de la IAAF en Doha 2019. (Imagen por Maja Hitij/Getty Images)

El atleta de Gran Bretaña, y actual campeón de Europa y del mundo en 60 m vallas en pista cubierta, Andrew Pozzi, cambió el Reino Unido por Italia para seguir su sueño Olímpico. Pero, con la crisis de la COVID-19, se encontró atrapado lejos de casa.

La mudanza a Italia

En el nivel Olímpico, la diferencia entre ganar y perder puede estar determinada por pequeños márgenes. Es un hecho que el vallista británico Andrew Pozzi tenía esto claro en su búsqueda por ganar una medalla de oro Olímpica en Tokio.

Este es también el motivo por el que optó por dejar su casa y mudarse para vivir y entrenar en Formia, Italia, bajo la batuta del legendario cubano Santiago Antúnez -entrenador de dos de los pasados cinco campeones Olímpicos en 110 m vallas (Dayron Robles, en Pekín 2008, y Anier García, en Sídney 2000).

Antúnez se retiró oficialmente de trabajar con atletas cubanos en 2013, pero fue persuadido por la opción de supervisar el desarrollo de un grupo muy prometedor de atletas de élite en Italia. En 2018, Pozzi tomó la oportunidad de mudarse a Formia y comenzar una vida teniendo como mentor a un entrenador que lo sabe todo sobre lo que se necesita para ganar una medalla de oro Olímpica.

"Pensaba que la oportunidad de trabajar con él había pasado", comentó Pozzi a Sky Sports. "Sabía sobre él, ¡pero pensaba que se había retirado oficialmente hacía cinco años! Tengo un buen amigo, que es también un muy buen atleta, Paolo Dal Molin, y después de ver una foto suya con Antúnez le mandé un mensaje y le pregunté si estaba trabajando con Antúnez. Paolo me dijo que sí, y también me preguntó si me gustaría unirme al grupo y a Antúnez".

La respuesta de Pozzi llegó fue un sonoro sí, y poco después comenzó a planear su mudanza a Formia.

Aunque moverse de Loughborough a Italia fue algo apresurado, la creencia de que era una buena idea, con los Juegos solo a dos años vista, tuvo un valor incalculable:

"Realmente creo que puedo ganar una medalla en Tokio", dijo Pozzi entonces. "Si solo pensara en llegar a las finales, probablemente me habría quedado en Reino Unido. Sé, de algún modo sé, que puedo conseguirlo al máximo nivel. Esto hizo más fácil que me mudara a Italia".

Choque cultural con el entrenamiento

En los siguientes dos años, su nuevo profesor cubano revisó por completo la manera de enfocar los entrenamientos de Pozzi. Para Antúnez, la velocidad no es lo más importante, sino que la técnica lo es todo. Así lo explicó Pozzi a Athletics Weekly:

"Él dijo que, desde su perspectiva, en Europa hay demasiada precipitación por hacerlo todo cuantificable: tienes que correr súper rápido en la pista, tienes que elevar más y más peso en el gimnasio. Pero él cree que se pasan por alto aspectos como la coordinación, la movilidad y la técnica".

Este cambio de mentalidad llevó a Pozzi incluso a participar en técnicas de entrenamiento poco ortodoxas en su búsqueda por la perfección, como por ejemplo, el baile.

"En invierno estuvimos haciendo muchos ejercicios basados en el ritmo. Nos poníamos salsa y todas esas cosas. Tienes varias vallas y suena la música; y, por un periodo de tiempo, vas y vuelves sobre estos obstáculos. Esto ayuda en la movilidad de la cadera, el ritmo, y era muy extraño. En las primeras par de semanas, me preguntaba si me dejaría a mí mismo hacerlo".

A pesar de sus reservas iniciales, la transformación de la rutina de entrenamiento de Pozzi fue de la mano con un cambio en la concentración. Antúnez inspiró en él confianza, y creció su creencia de que podría ganar medallas, según cuenta Pozzi: "Basándome en lo que Antúnez sabía de mí como atleta y qué podía ver en nuestro trabajo conjunto, ese era totalmente el objetivo".

Después de un 2019 interrumpido por una lesión, la dupla Pozzi-Antúnez comenzó a dar sus frutos en 2020. El 21 de febrero, Pozzi logró el mejor tiempo de la temporada, con una marca de 7.48 segundos, en el meeting de Madrid del Tour Mundial de atletismo de pista cubierta para mantener un comienzo de año invicto.

Menos de un mes después, todo cambió.

Los sueños Olímpicos de Pozzi comenzaron a desmoronarse mientras el mundo enfrentaba la mayor crisis en una generación: la COVID-19.

La vida bajo el confinamiento

El 9 de marzo de 2020, a medida que los terribles efectos del coronavirus se extendían por todo el país, Italia impuso uno de los confinamientos más estrictos en el mundo. Hasta el momento, ningún otro país europeo había sido tan afectado, y Pozzi se encontró en medio de esta situación.

Pozzi se vio a si mismo bajo el confinamiento, lejos de su casa en el Reino Unido y con una restricción de solo dos horas diarias de entrenamiento, algo que era un privilegio, dada la situación.

"El Comité Olímpico Italiano ha permitido a un número muy reducido de atletas a continuar su entrenamiento si están trabajando para ir a los Juegos Olímpicos venideros", contó Pozzi a Sky Sports a mediados de marzo.

“Puedo dedicar dos horas al día a entrenar en mi base en Formia, a puerta cerrada y bajo las normas de distanciamiento social. El centro se encuentra muy silencioso ahora y la mayoría de los trabajadores se encuentran en sus casas. El ambiente es muy diferente, pero estoy extremadamente agradecido por poder seguir con mi trabajo y también por poder pasar algo de tiempo fuera de casa".

Como se ha vuelto en una historia familiar para muchas personas que ahora mismo se encuentran viviendo bajo las restricciones del coronavirus, el aislamiento y la pérdida de las pequeñas libertades del día a día es lo que más le había impresionado a Pozzi de la vida en confinamiento:

"Estoy acostumbrado a ser independiente y mudarme aquí, con una gran barrera del idioma, siempre ha significado menos socialización que cuando entrenaba en el Reino Unido, pero la falta de contacto con cualquiera ahora se ha convertido en un reto".

La vuelta a casa

Para finales de marzo, la situación con la COVID-19 cambiaba de manera rápida en el Reino Unido, y Pozzi tomó la decisión de viajar a casa. Inicialmente notó un gran contraste entre la respuesta en Italia y la de su país natal:

"En el avión todo el mundo llevaba mascarillas, pero fue un contraste cuando llegué al Reino Unido. Sé que aquí todo el mundo se lo toma en serio y es disciplinado, pero en Italia era un nivel diferente".

Y, por supuesto, algo más ha tenido un dramático impacto en la vida de Pozzi en las últimas semanas: el cambio de las fechas de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero aunque le hubiera gustado competir este año, Pozzi cree que la decisión de la postergación de los Juegos fue completamente justificada:

"Estaba trabajando como si se fueran a celebrar en octubre de este año, en 2020. Creo que eso me habría gustado ya que me he preparado muy bien para que los Juegos fueran este año, y podría haberlo hecho bien. Pero entiendo totalmente la decisión y creo que es la correcta".