A una brazada de poner fin a 80 años de espera

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La nadadora Angelika Rädche estaba clasificada para participar en los Juegos Olímpicos de 1940, pero se cancelaron por la II Guerra Mundial, y allí fue enviada. Ahora su nieta, Nicole Frank, puede cumplir en Tokio 2020 aquel sueño que se quedó por el camino

Hace 80 años cambió la vida de muchas personas, incluida la de Angelika Rädche -nacida en Uruguay, pero residente en Alemania-. La nadadora, que había sido campeona de Alemania y de Europa, estaba clasificada para disputar los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1940. Sin embargo, la II Guerra Mundial, que había estallado un año antes, obligó a la cancelación de aquellos Juegos.

Angelika, junto con su marido, fue enviada a la segunda Gran Guerra. Tras sobrevivir, volvieron a Uruguay, y allí siguieron forjando su familia.

También allí nació su nieta: Nicole Frank.

Nicole tiene ahora 16 años y es una de las nadadoras más destacadas de su país. Tanto que incluso podría ir el próximo año a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y cumplir así el sueño de una familia entera.

"En mi familia todos han hecho deporte, mayormente natación: mi abuela, mi tía, mi otra abuela, mi papá, mi mamá, mi hermano… Todos han pasado por este deporte. Presión no siento, pero sí la motivación de seguir los pasos de ella. De cumplir no solamente mi sueño, sino el sueño que tenía ella. En este momento no está, pero me gustaría demostrar que esta familia sí que podía llegar a los Juegos. Esto es un pensamiento que comparto mucho con mi papá, que es el hijo de mi abuela", reconoce Nicole Frank para Tokyo2020.org.

Nicole Frank cuando era una niña junto a sus dos abuelas. Angelika Rädche está a la derecha en la imagen.
Nicole Frank cuando era una niña junto a sus dos abuelas. Angelika Rädche está a la derecha en la imagen.
Cedida por Nicole Frank.

El hipnotismo del agua

Precisamente gracias a su familia dio sus primeras brazadas en el agua.

Pero también hizo sus primeras rutinas en gimnasia artística.

"De chiquita practicaba natación y gimnasia artística, y cuando sos chico los horarios son más flexibles. Pero llegó un punto donde no podía hacer los dos al mismo tiempo. Opté por la natación porque yo estaba enamorada del agua. No podía estar fuera del agua. Y no me arrepiento. Me gusta la gimnasia, pero verlo, a día de hoy no podría volver a hacer eso", dice riendo Frank.

"Mi mamá fue gimnasta y tuvo un muy alto nivel y entiende muy bien cómo es el deporte. Aparte es profesora de Educación Física. Ella me guía un montón para yo seguir mejorando. Mi familia en general me ayuda mucho pero me dejan hacer mi propio camino. Quieren que disfrute y que me esfuerce, pero me acompañan en el proceso", continua.

Un proceso en el que se quedó desde pequeña hipnotizada por el agua.

"No sé qué tiene, en verdad. Simplemente me siento cómoda. Me gusta porque es como mi espacio. Es el lugar donde puedo desahogarme, disfrutar, en el que aprendo, en el que comparto, tengo amigos… Muchas de mis amistades son de parte del agua. He convivido mucho tiempo en una piscina, y eso hace que no solo sea una rutina. Poder sentir el agua otra vez es cool, es bueno", explica Frank.

Solamente el hecho de volver a estar en el agua nos ponía felices.

No importaba la sensación. Importaba estar en contacto con el agua.

Los meses sin nadar

Frank ha estado alejada de su medio natural debido a la pandemia por la COVID-19 y al confinamiento derivado de ella.

Desde diciembre de 2019 se encuentra en Florida (Estados Unidos) becada por la FINA, junto a otros nadadores que entrenan "para ir a Tokio" en el Azura Florida Aquatics.

Sin embargo, la pandemia se cruzó por su camino.

"Dejamos de tener contacto con el agua el 11 de marzo. Pensábamos que serían dos semanas y desde ahí estuvimos como cuatro o cinco meses sin nadar. Ahora hace relativamente poco nos habilitaron una piscina de 25 yardas".

"Al principio se sentía extraño. Sentía que no sabía nadar, que hacía la brazada muy fea, que no sabía patear, que no podía flotar… era horrible. Pero solamente el hecho de volver a estar en el agua nos ponía felices. No importaba la sensación. Importaba estar en contacto con ella", sigue contando.

En el Mundial con 15 años

Todo esto ha sucedido después de un año 2019 para enmarcar. En él, Nicole Frank participó en los Panamericanos de Lima, pero también en el Mundial de Natación de la FINA, disputado en Corea.

Con solo 15 años, estaba rodeada de todas las estrella que admira.

"La experiencia fue única, no se compara con nada. Es algo de lo que nunca me voy a olvidar y una de las experiencias más grandes que he tenido nunca. Al principio era extraño ver a esos nadadores a mi alrededor. Era súper cool verles competir, entrenando a mi lado o batiendo récords".

Los Juegos no es cualquier cosa. No te lo puedes tomar como un juego.

Hablar de Tokio 2020 necesita tener una mentalidad diferente.

A una brazada del sueño

Precisamente participar en estos campeonatos de primer nivel hizo que emergiera como una de las promesas de Uruguay para clasificar para Tokio 2020.

"Es algo que me motiva y que me hace sentir que el trabajo sí da resultados. Siento mucho orgullo de pensar que existe la posibilidad de ir y que es real. Que no es solo un sueño", reconoce Frank, que admite que sus grandes opciones pasan "por el 200 m libre y 200 m combinado".

Ahora tiene un año más para hacerlo realidad, y, si lo consiguiera, participaría en ellos con 17 años.

"Al ser la más chica, soy la que tiene menos experiencia y me da tiempo para prepararme no solo físicamente, sino también mentalmente. Porque no es cualquier cosa. No te lo puedes tomar como un juego. Hablar de Tokio 2020 necesita tener una mentalidad diferente. Así que tengo más tiempo para prepararme", dice.

Estos Juegos Olímpicos están tan cerca de su familia como no llevaban desde 1940.

Tan cerca como la casa de su abuela, que vivía en Uruguay en el mismo terreno que la de Nicole Frank con sus padres y hermano. Aquel lugar donde su abuela le esperaba cada vez que volvía de una competencia de natación. Aquella que veía sus medallas la primera.

"Mi abuela no era muy de hablar de eso conmigo y con mi hermano, pero nos contaba que nadaba libre, 400 y 800, que siempre quiso ir a los Juegos pero que no pudo por la guerra. Lo que siempre me dijo es que disfrutara y que si tenía un sueño, lo intentara cuantas veces fuera necesario porque siempre valdría la pena", recuerda Frank.

Y de momento, está valiendo.